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jueves, 17 de junio de 2010

Sesión III

Tenía esto en borrador y hasta hoy domingo no me había puesto a terminar de editarlo, pero ya va siendo hora, para que no se me acumule con el texto de la siguiente...

En cuanto al tema de la sesión, no estoy de acuerdo con la forma de ver las cosas que tiene la psicóloga; al principio traté de hacerle ver que mi forma de entender el sexo es y SIEMPRE HA SIDO pausada, tranquila, disfrutando de cada momento. Pero ella me expuso su teoría acerca de que estoy estableciendo en mi cabeza una asociación entre la poca sensación y la estimulación prolongada en el tiempo, y que tengo que romper esa asociación.

Para ello, básicamente me comentó que debo limitar el ejercicio a dos fases de quince minutos como muchísimo (la primera de excitación con los estímulos o fantasías que necesite, la segunda dejando aparte esas fantasías y concentrándome únicamente en mis sensaciones). Dijo que debo intentar concentrar las sensaciones más potentes posibles, evitando que el grado de excitación baje y abandonando si esto ocurre. De ese modo, en teoría, se va rompiendo la mala asociación.

Yo entiendo su teoría, pero en mi caso no lo veo correcto; de lo poco que creo disfrutar ahora precisamente es de ese ritmo pausado, esa tranquilidad. Estoy probando el método ya que sino de poco serviría estar yendo a terapia. Pero los resultados son prácticamente nulos, porque al no tener las sensaciones físicas que tenía, intentar llegar de golpe al no-orgasmo me deja igual de insatisfecho, si no más que antes. Entiendo que en otro caso este método pueda funcionar, pero en el mío me da la sensación de que se está intentando resolver un problema que no existe: ¿cómo voy a potenciar unas sensaciones que no tengo?

Por otra parte, no me gustó un pelo que no me comentase el tema del tiempo cuando me explicó el ejercicio en la sesión anterior. ¿A qué estamos jugando? Cada vez que voy a verla me cuesta una pasta. La otra vez se limitó a contarme el ejercicio y yo claro, fui a mi ritmo habitual.

Mis expectativas son bastante bajas; ya que casi me he visto "obligado" a ir a terapia psicológica (puesto que todos los médicos terminaron recomendando lo mismo cuando se les acabaron las ideas), quizá en compensación esperaba algo "especial". No sé, que el terapeuta leyera más lo que siento y tuviese otro tipo de recursos. En las primeras sesiones he intentado estar abierto a responder todo lo que me preguntaba, pensando que en algún momento descubriría "no sé qué" y vaya usted a saber cómo, activaría algún interruptor mágico en mi cabeza.

Sé que quizá es poco tiempo para que un tratamiento sirva de algo. Pero si de verdad sirviese, yo creo que algo debería haber notado ya. Así que dependiendo de que haya evolución o no, me voy a plantear dejar esta terapia, ya que me duele soltar pasta para nada y empezaré con la de la SS el día 30.

Tengo por delante una semana demasiado estresante para mi gusto: aparte de las prisas en el trabajo y tratar de cuadrar los horarios, me toca ir a 4 citas médicas diferentes entre el martes y el jueves. El miércoles, con dos loqueras diferentes, va a ser... pues eso, de locos.

Bueno, y volviendo a ella, se empeñó después en insistir sobre si no seguiría deprimido, si no habría superado mi depresión de HACE DIEZ AÑOS. Le dije que yo no me encontraba mal, que sólo estaba muy cansado por el problema de sueño. Me hizo un test de depresión sin decirme nada, aunque me di cuenta enseguida de lo que estaba haciendo.

No sé hasta qué punto condiciono mis respuestas al hecho de saber de qué va el test. Yo no me encuentro deprimido y ella me dijo lo mismo después de terminar el cuestionario. Creo que es normal estar jodido por perder el placer sexual en la vida, pero de ahí a pensar en la depresión va un abismo. Realmente hace diez años pasé una temporada bastante mala (y aun así, cada vez que me corría, disfrutaba mucho), pero está olvidado y noto la diferencia entre mi estado mental de entonces y el de ahora. Y ahora aunque tengo mis días regulares, en otros momentos me lo paso pipa. La experiencia de la vida te va dando más recursos. Y re-cursis.

miércoles, 9 de junio de 2010

Sesión II

La sesión de hoy también ha resultado bastante predecible. Después de comentarle algunos aspectos de mi familia que me ha preguntado, primero me ha soltado una perorata sobre cómo funciona el sistema nervioso. Ha dibujado una campana de Gauss, poniendo "Rendimiento" en el eje vertical y "Estímulo / Ansiedad" en el horizontal. Quería explicarme que si bien cierta cantidad de estímulos pueden producir respuestas (rendimiento), cuando hay demasiados estímulos o bien los solemos ignorar, o lo que es peor, nos pueden producir ansiedad, que hace que la respuesta sea menos efectiva cada vez. No sé si es un gráfico muy adecuado para explicarlo, pero se entiende lo que quería decir.

Me ha comentado que el objetivo que tenemos para que yo mejore, consiste en eliminar todo lo que me está impidiendo disfrutar y centrarme en lo que puedo sentir. Que aunque tuviese algún problema físico (cosa que todavía no sabemos, pero de lo que yo sigo convencido), la idea es potenciar lo que pueda dentro de las posibilidades: aunque quizá (si existe tal problema físico) no llegue a estar tan bien como antes de tener el problema, la meta es rebajar la ansiedad al mínimo y aumentar las sensaciones tanto como sea posible.

Después me ha estado contando en qué consistirían los ejercicios que debo hacer, igual de predecibles que todo el discurso. No quiero ser duro con ella; simplemente son cosas sobre las que ya he leído muchas veces. Yo creo que no se trata de nada que no haya hecho ya; si acaso puede variar un poco el método y en eso intentaré centrarme. Quizá sería mejor intentar recordar sus palabras, aunque no sean exactas.

Es normal que a veces no te apetezca hacer sexo. De hecho, la primera condición para comenzar con estos ejercicios es que sólo lo hagas cuando te apetezca de verdad. No te fuerces, no te masturbes sólo por "a ver qué tal se da esta vez". Cuando encuentres el momento en el que te apetezca y estés excitado sexualmente, relajado y no vayan a interrumpirte, entonces puedes ponerte a ello.

Al principio, para ayudar a aumentar las sensaciones, puedes servirte de lo que sea que te excite: fantasías, pornografía... Empieza viendo o imaginando estas cosas de modo que cuando empieces a masturbarte despacio, la excitación vaya en aumento.

Cuando ya estés plenamente excitado, debes pasar a la segunda fase del ejercicio, que consiste en eliminar los estímulos que hayas estado usando (porno, imaginación...), irte a un lugar relajado y continuar masturbándote lentamente, pero ahora únicamente centrando tu atención en las sensaciones que tienes. Puede que en algún momento vuelvas a los estímulos anteriores (por ejemplo con la imaginación), pero debes centrarte en las sensaciones, para aislarlas de todo lo demás. Después, cuando te apetezca, eyaculas.

Puede ocurrirte que una vez te pongas con el ejercicio, sientas que no es el momento, que no te está satisfaciendo. Es normal que a veces pierdas la concentración, pero no por demasiado tiempo. Si ocurre durante más de medio minuto, será mejor dejarlo para otra ocasión. No te fuerces por terminar. De esta forma, lo único que consigues es enlazar cada vez más fuerte en tu mente las malas sensaciones.

Si te apetece, puedes utilizar algún lubricante. Puedes hacerlo alguna vez con él y otra sin él para poder comparar. En cuanto a la frecuencia, como digo, debe ser cuando te apetezca de verdad. Quizá unas 3 veces por semana puede estar bien, aunque por supuesto pueden ser más o menos, dependiendo del deseo.

Una vez acabes, debes anotar la satisfacción que hayas obtenido, en una escala de 0 a 10. Debes indicar si has usado lubricante o no y en su momento, comentaremos más detalles para ir ajustando el proceso.

Entiendo que puedas no tener fe en esto. No hace falta que la tengas. Entiendo que pienses que no vaya a funcionar. Simplemente, haz los ejercicios y vamos valorando cómo evolucionar. Esto es un método de sensibilización adulto y como tal, ninguno de los dos vamos a estar a gusto si no nos esforzamos.


Pues nada, poco más me queda por añadir... Me ha recomendado que tome vitamina B porque según comenta es "el alimento del sistema nervioso" y por lo que comenta, no pasa nada aunque no las necesite, puesto que el sobrante se elimina. Le he dicho que ya tomé esas vitaminas hace tiempo y no noté ninguna mejoría, pero volveré a tomarlas (todavía tengo medio envase en la nevera)

Por último, hemos anotado las siguientes consultas (la suya y otras a las que tengo que acudir, de momento los días 14 y 30). Y por suerte, le he pedido que me hiciera una factura para cobrarme y parece que no habrá problema (este punto me preocupaba un poco; me está costando bastante y al menos quería tener un documento donde se detallase la terapia).

Seguiremos "informando"...

miércoles, 2 de junio de 2010

Sesión I

Ya ha comenzado el circo. De momento, ya me cabrea bastante tener que salir un poco antes del trabajo para ir a donde el viento da la vuelta, para acudir a unas sesiones que ni me apetecen, ni creo que vayan a servir de nada (salvo para gastar un dinero que no me sobra). Pero dado que todos los últimos médicos que me han visto han apuntado a terapia psicológica, no me queda más remedio. Entiendo que no es culpa suya, que la idea de los médicos es ayudar... pero ya me gustaría poder reclamarles después el dinero perdido.

Bueno, al menos parece que la idea es probar con varias sesiones y si no se produce ninguna mejora, nos volvemos a plantear el caso de otra forma. El último día de junio también tengo cita con un psiquiatra en la SS, que básicamente es lo que yo quiero: que me vea un médico. No me he atrevido a buscar uno privado. Sé que también va a ser un tema, por tratarse de un problema tan desconocido. Pero ya lidiaré con eso a su debido tiempo.

Realmente la sesión ha sido bastante predecible: contarle cuál es mi problema, los médicos que he visitado, lo que sentía y lo que siento. Después me ha pedido que le comentase más o menos cómo era mi vida sexual antes y después de comenzar el problema, para ver si se podía detectar algún hilo del que tirar.

Curiosamente, me he dado cuenta de un par de cosas:

1.- Yo atribuyo mi habitual somnolencia y cansancio sobre todo a los últimos dos años, en conjunto con la falta de placer. Pienso que la fatiga constante puede haberme influido en la disminución de las sensaciones. Pero resulta que ya había tenido algún episodio de fatiga extrema en el pasado. De hecho, cuando se rompió mi relación con mi primera pareja, hace ya unos siete años, el mayor detonante fue que no le llamé por teléfono en unos 4 ó 5 días, porque me encontraba hecho polvo. Esto llevó a que cuando él me llamó, tenía tremendo cabreo, unas cosas llevaron a otras y como no supe defender que le quería, se acabó.

Cuando aquello se rompió, yo estuve mal una temporada. Quise quedar con él para al menos tener una charla, quedar como amigos si era posible. Él no quiso y cada vez me costaba más coincidir por Internet. Al poco tiempo, un día salió el tema y me comentó que estaba en casa de un amigo en otra provincia. Le deseé lo mejor. Me sorprendió que hubiese encontrado a alguien tan rápido. Yo aquí sigo, después de todo este tiempo y aunque he hecho algunas intentonas.

2.- Durante mis escarceos amorosos, conocí a un hombre casado de otra ciudad, que estaba de visita por aquí. Me gustaba un montón físicamente, pero él tenía su vida organizada y no me gustaba la posición que yo iba a ocupar en su vida: el segundo plato. Su idea era básicamente así: que yo no hiciese nada en su ausencia. Me pareció un egoísmo increíble; él lo tenía todo: su familia, su trabajo, éxito en la vida... Yo no tenía nada y me pedía que fuese su amante exclusivo. En otras circunstancias (no estando casado, principalmente) quizá me lo hubiera planteado o hubiéramos llegado a un acuerdo de otra forma.

La historia es que la penúltima vez que estuve con él, fui a verle a su hotel. No recuerdo si se iba a marchar ese día... El caso es que no quiso hacer nada de sexo. Evidentemente tenía que cumplir con la mujer por la noche, pero me soltó tal mentira que me quedé a cuadros: dijo que por la mañana, pensando en mí, se había masturbado dos veces. Le dije que cómo no había esperado a la tarde, cuando yo iba a verle y me dijo que se había excitado mucho acordándose de mí, y que tuvo que hacerse un par de pajas para calmarse.

No sé si fue en esa misma vez o la siguiente que pasó por aquí, el penúltimo día no me dejó tocarle pero se puso a masturbarme frenéticamente. Poco antes de llegar al orgasmo, comprendí que lo que estaba intentando era vaciarme, para que yo no pudiese hacer nada en unos días. Entonces ocurrió que eyaculé prácticamente sin sentir nada, casi como me pasa ahora. Ahí si que fue la tensión del momento lo que me produjo esa falta de sensación. Me ha pasado pocas veces más y siempre por alguna razón clara: no me encontraba cómodo, estaba muy nervioso o algo por el estilo. Lo que me ocurre ahora no creo que tenga esa motivación, puesto que me lo tomo con calma, disfrutando lo que puedo aunque no sea mucho.

Creo que he llegado a la conclusión de que los hombres casados o similares me ocasionan más quebraderos de cabeza que las buenas experiencias que puedan darme. El tema es que si voy buscando pareja y encuentro personas con determinados compromisos, no son los candidatos que me convienen. Siempre he intentado disfrutar lo que me daban en lo posible, pero teniendo en cuenta que no podía convertirse en algo más serio. Ahora creo que ya paso bastante del tema, pero antes lo sufría en silencio, como las hemorroides.

También le conté un poco acerca de mi última pareja, puesto que de eso se trataba básicamente, quedando casi descartadas las relaciones esporádicas, que han sido mayoría, salvo que recordase algún detalle relevante. A este último hombre le conocí cuando ya tenía mi problema de anhedonia sexual, o como quiera llamarse. Al principio me metía bastante mentalmente en las situaciones, pero como el cuerpo ya no me responde como debiera, no disfrutaba demasiado del sexo. Además, tenía una personalidad bastante controladora y yo no lo llevaba bien, así que poco a poco me distancié de él. Sigo charlando de tarde en tarde con él, aunque ya no hay rollete.

En fin, yo creo que poco más que eso. Por supuesto me da un poco de corte contarle mis intimidades a una desconocida, pero así es como va la terapia... Supongo que si me paso con los detalles, ya me detendrá :) Por cierto, que me ha recomendado hacerme un estudio hormonal, pero el médico que me comenta no está en mi sociedad... Así que ya veré cómo lo soluciono.

Volviendo al tema del cansancio: Menos mal que hoy era festivo, pero ha sido un día muy malo... Espero que debido al calor. He estado en un estado de somnolencia tremendo casi todo el día. Me he levantado a las 8 y a las 9:30 más o menos he tenido que volver a tumbarme porque me caía de sueño. He abierto el ojo una hora después, sin sentirme descansado. No he hecho prácticamente nada, salvo salir a dar un pequeño paseo por la tarde. Me cuesta mucho esfuerzo vivir asín... Ya sé casi seguro que mi obesidad influye negativamente en la calidad de mi sueño, pero nadie me ha hecho un estudio para averiguar la causa y tratar de arreglarlo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Para Psicología

Buenas. Pues mire, llevo dos años de médicos y no dan con lo que me pasa. Y es normal, porque no hay información sobre el tema. O más bien, nadie se molesta en mirar el tema desde una nueva perspectiva. Casi todos ellos llegan a un punto en el que me recomiendan ir a un psicólogo, pero pienso que más que porque crean que es un problema psicológico, es porque al no encontrar evidencias físicas, me pasan al cajón desastre de los problemas mentales.

No me entienda mal. Por una parte pienso que ojalá fuera un problema psicológico, porque sé que entonces tendría solución. Pero por otra parte, si esto fuera psicológico, si mi mente estuviese realmente bloqueando mis sensaciones, estamos jodidos. Muy jodidos. Porque no existe ninguna causa razonable que yo pueda recordar, ningún trauma que pueda haberme afectado de esta manera. Si de verdad ha existido y mi mente está haciéndome la puñeta, significaría que ya no tengo control sobre mis actos, que en cualquier momento mi mente podría putearme de otro modo y no tendría posibilidad de detectarlo para defenderme.

¿De verdad una mente puede hacer esto?

¿Qué siento? Pues por explicarlo con un símil, imagínese que en nuestro cuerpo existiese un mando de volúmen, como el que tienen los equipos de sonido. Casi todos los mandos suelen tener una escala, por ejemplo de 0 a 10, que para nuestro caso, en lugar de indicarnos el volumen, indicaría el placer físico sexual experimentado. Cuando yo no tenía este problema, tener relaciones sexuales (tanto con otras personas como masturbándome) significaba un placer del 7 hacia arriba, y entre el 9 y el 10 durante un buen periodo y durante el orgasmo. Sentía cómo se acumulaba la tensión sexual físicamente y cómo se liberaba durante el clímax; las contracciones pélvicas eran plenas, profundas, muy nítidas. Era un placer físico satisfactorio, saciante, apremiante: el cuerpo me pedía sentirlo, disfrutarlo y compartirlo. Hacerlo era una sensación de bienestar y de plenitud.

Cuando comencé a tener este problema, las sensaciones bajaron prácticamente a cero tras mi segunda operación (que yo pienso que puede estar relacionada, pero según los médicos que me han visto no lo creen). Las primeras veces que ocurre, la mente no encuentra una explicación a lo que está pasando: no cuadra que en el momento del orgasmo no se siente nada, es como un error de procesamiento. Se te rompen los esquemas, vaya. Posteriormente, te das cuenta de que en realidad, el mando del volumen está muy bajo casi todo el tiempo: existen sensaciones de tacto, leves cosquilleos con las caricias... pero no pasa de ahí. No se siente una tensión sexual creciente y cuando llega el supuesto orgasmo, las contracciones pélvicas son casi imperceptibles, aunque existen (se notan al tacto). Entonces es cuando la frustración comienza a crecer, por no poder desahogarse y sentir lo que el cuerpo está pidiendo.

El deseo sexual no desaparece. La necesidad tampoco. Si al menos fuese así, la solución podría ser la abstinencia. Pero el cuerpo lo necesita, lo pide. La atracción hacia los objetos de deseo permanece, pero no se puede saciar. Se sigue introduciendo uno mentalmente en el acto, intentando satisfacer al compañero, intentando disfrutar de las sensaciones, pero no es suficiente.

No se trata de un problema de situación: ocurre tanto con la masturbación, como en las relaciones con otras personas. De hecho, cada una de las formas tiene su parte buena: en una relación con alguien más, existe la ternura, el calor del otro, verle disfrutar, intentar que disfrute más, sentir que él está haciendo lo mismo por ti. En la masturbación, por otra parte, se tiene más control sobre las propias sensaciones, existen las fantasías y los incentivos visuales que pueda uno proporcionarse... Ambas formas son disfrutables de diferentes maneras.

Si todo esto fuese mental, ¿por qué ocurre que a veces (por desgracia pocas), las sensaciones vuelven parcialmente? Sin hacer nada especial con respecto a otras veces, el mando del volumen del placer vuelve a subir unos cuantos puntos. La sensación es tan potente en el glande y en otras zonas erógenas, con respecto a la habitual "anestesia", que casi asusta. Entonces es cuando recuerdo: esto es lo que yo sentía antes, qué placer. Disfruto lo que puedo de esa ocasión y me siento bien. Pero las siguientes veces vuelve a bajar el volumen.

Puede que suene fatal, pero tengo que decirlo: No me gustaría nada hacer terapia, perdiendo tiempo y dinero, para no obtener ningún resultado. Como he dicho, ojalá esto fuese psicológico, porque eso significaría que se puede corregir. Entiendo que intentará ayudarme y para ello necesitará algunas sesiones. Pero por favor, si llega a la conclusión de que esto no se debe a una causa psicológica, le ruego que lo diga cuanto antes.

domingo, 16 de mayo de 2010

Pruebas Médicas Desagradables IV

ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE. SI ERES APRENSIVO NO LO LEAS.

Bueeeeeno, pues nada, ya ha pasado otro episodio en esta interminable historia médica. Quien sea fuerte de estómago y quiera ver los anteriores capítulos de la saga, aquí dejo unos enlaces a ellos: PRIMERO, SEGUNDO y TERCERO.

Como diría una voz en off si esto fuera una serie de TV: "Anteriormente, en redondeados"... El último urólogo que me había visto en la SS me dijo que me iban a hacer una cistoscopia y una cistouretrografía miccional seriada (en este caso inapropiadamente abreviada como CUMS, porque ¡qué más quisiera yo que correrme!). El impreso de solicitud de las pruebas médicas ya parecía una quiniela con tantas casillas marcadas.

También me propuse visitar un neurólogo privado para intentar ir averiguando cosas por otro camino. A mí particularmente me cuadra bastante que esto sea un problema neurológico o químico... Aparte de eso, en una visita a mi médico de cabecera, le consulté si podía pedir cita para un neurólogo de la SS también y me firmó el volante de solicitud.

En estas, el calendario con la SS quedaba algo asín: Pruebas Urología - 21 abril. Consulta Neurología - 27 abril. Consulta Urología - 12 mayo.

Por otra parte, comencé a ir al neurólogo privado a principios de año. Le expliqué mi problema y el hombre flipó. Me hizo unas pruebas básicas de fuerza y sensibilidad y me solicitó un electromiograma y unas resonancias de pelvis y posteriormente, del celebro. Las pruebas neurológicas fueron muy dolorosas (básicamente consisten en introducirte unas agujas y mandar descargas eléctricas).

La verdad, no sé si el médico llegó a terminarlas como quiso, porque yo no aguantaba el dolor en los gemelos. Como también llevo dos años con mi fascitis plantar, es posible que mis músculos de la parte inferior de las piernas no estén todo lo relajados que debieran. Por cierto, que este médico sí que lo flipó mucho (yo creo que hasta ahora, el que más con diferencia) cuando le conté mi problema. O nunca había visto algo parecido, o se salía completamente de sus esquemas.

No tiene nada que ver con el tema, pero la mala suerte hizo que cinco o seis días antes de las pruebas urológicas de la SS, un virus me debió atacar al sistema digestivo. Empecé el viernes por la tarde encontrándome de pena e incluso no pude evitar potar en la calle... Que para que yo vomite, ya tengo que estar mal. Pasé todo el fin de semana en casa hecho una braga y el lunes tuve que pedir la baja porque no estaba bien del todo. Más bien parecía haber recibido una paliza en las costillas, de lo que me dolían. Probablemente fue por la temblequera de la fiebre, los esfuerzos en el baño, etc. Qué mal cuerpo, pisha. En fin, menos mal que un par de días antes de las pruebas comencé a recuperarme.

Llegó el fatídico 21 de abril. Recordándome lo mal que lo pasé el año anterior por un simple sondaje, me imaginé que no iba a ser un camino de rosas. Resulta que cuando llegué a la primera prueba (cistoscopia, uséase, meterme la handycam por la punta del pepino), al parecer necesitaban el cistoscopio en quirófano, por lo que las citas se empezaron a retrasar más y más. Pude hablar con una enfermera y decirle que tenía otra prueba, para saber si me iba o me esperaba. Llamaron a la otra consulta y me dijeron que me fuera para allá y que cuando volviese, avisase de que ya estaba allí.

Total, que me fui a hacerme la cistouretrografía. Me llamaron enseguida, tan pronto que no me había dado tiempo a orinar... Para la otra prueba parece que daba igual, pero en esta tenía que ir con la vejiga vacía. Lo comenté, me dejaron salir un momento a mear y volví a entrar. Me despeloté y me subieron a la cama de radiografías. Tardaron en prepararme, porque entre medias se fueron un rato a charlar de otro caso... Yo allí tumbado, bastante nervioso. Cuando vinieron, me hicieron las preguntas de rigor para saber lo que me pasaba y tal. También les comenté que el año anterior me habían sondado y lo pasé fatal. Me dijo que no pasaba nada, que era un pequeño escozor pero pasaría enseguida.

Me preguntó si era alérgico al betadine antes de limpiarme el glande con él. Joder, mira que tengo poca sensibilidad, pero el frotamiento de la gasa por la zona (que todavia conserva algo de sensación) me daba gustirrinín. La médica me miró, como cuestionándose mi cara de poker. Luego me dijo que me iba a poner la sonda, que aguantase. Fue desagradable, pero poco a poco pasó para adentro. Luego me llenaron la vejiga de líquido de contraste. Es una sensación rara, porque en cuestión de segundos se sienten bastantes ganas de mear.

Hicieron una serie de imágenes mientras se llenaba y luego me sacaron la sonda. Me quedé bastante sorprendido y aliviado porque no sentí nada de dolor en la extracción. Luego me pusieron una botella de las que se usan para mear y me dijeron que cuando me dieran la señal, tenía que mear en ella mientras sacaban unas cuantas imágenes más. Allí tumbado de medio lado costaba horrores mear. Yo creo que no logré vaciar ni la mitad de la vejiga. Debieron pasar un par de minutos y como vieron que no terminaba, vinieron a decirme que pasase al baño, vaciase todo lo posible y me volviese a poner en la máquina para hacerme las últimas imágenes con la vejiga vacía.

Una vez hecho esto, me dijeron que ya me podía marchar, que mandarían las imágenes automáticamente a la otra doctora. Me vestí y salí, volviendo con mis padres a la otra consulta. Cuando llegamos, le comenté a la enfermera que ya me habían hecho la otra prueba. Me dijo que de acuerdo, que esperase y cuando me llegase el turno me avisarían.

Empezó a pasar tiempo y más tiempo. Yo me imaginaba que no podría ir a recuperar nada del trabajo, pero ya estaba claro. Lo bueno es que yo estaba casi en plan zen, intentando conservar la calma y mis padres, por el contrario, poniéndome de los nervios: que si por qué no preguntas cuándo te toca, que si a ver si se han olvidado de ti... Yo alucino, cuando tienen que reclamar algo no lo hacen y cuando sólo hay que esperar, son un manojo de nervios... En fin, que bastante nervioso estaba yo ya con todo el asunto como para encima tener que lidiar con ellos.

Yo sabía que había tres o cuatro personas por delante de mí. Además, cada vez que usaban el cistoscopio, veía cómo lo sacaban en un carrito (tapado) y lo llevaban a limpiar antes de usarlo con el siguiente paciente... Así que el proceso era lento, pero sólo quedaba esperar. Por fin me llamaron, entré a la consulta, expliqué lo que me pasaba y la médica me dejó con las enfermera para que me preparasen.

Me retrajeron el prepucio, me volvieron a limpiar y me pusieron una cánula de anestésico por la uretra, un tanto desagradable. Unos minutos después vino la doctora y me dijo que no me preocupase, que el proceso era bastante rápido. Me dijo que si quería, podía ver en la pantalla las imágenes del interior. Le di las gracias, pero no me apetecía; sabía que no se veía nada raro, pero no era lo mismo mientras andaban hurgando en mi interior. Me insistió que lo que se veía era como un campo de nubes, pero volví a decirle que no educadamente. Interiormente pensé que mejor me esperaba a que la distribuidora publicase el DVD.

No sentía dolor propiamente dicho, pero sí mucha incomodidad. Me dijo que primero iba a notar frío y agua y comenzó a entrar. Iba comentando a las enfermeras lo que se veía, al parecer nada anormal salvo un poco de suciedad en algún punto. Pronto llegó al cuello de la vejiga y me dijo que inspirase fuerte mientras lo atravesaba. Fue una sensación de escozor bastante intensa. Miró todo por dentro, preguntándome cómo me encontraba. Me costó contestar y puede que pensaran que me pasaba algo. Dije que estaba muy incómodo. Luego dijo que iba a empezar a salir despacio. Poco a poco fue hacia fuera hasta salir del todo. Me dijo que ya estaba, que me había portado muy bien y que me quedase un momento tumbado.

Las enfermeras comenzaron a limpiar los instrumentos, preparándolo todo para el siguiente paciente, si lo había. Un minuto después me dijeron que me fuera incorporando despacio y me quedase sentado un momento. Le pregunté a la doctora si había visto algo raro. Se levantó del ordenador, al otro lado de un biombo donde yo no la veía y vino a charlar conmigo. Me dijo que se veía todo prácticamente normal, que había visto las otras imágenes y si acaso el cuello de la vejiga era un poco estrecho. Le comenté que mi problema principal era que había perdido la sensación de placer sexual. Me dijo que era difícil que los urólogos pudieran darme una solución, que normalmente esto debía tratarlo un sexólogo. Luego me dijo que podía prepararme para irme, mientras terminaba de escribir el informe.

Pasé al baño/vestidor y decidí orinar, ya que me habían metido bastante líquido y todavía tenía el anestésico que evitaría sentir dolor. Al poco de acabar, la enfermera llamó y pasó para darme el informe y el antibiótico que debía tomar para prevenir las infecciones por las pruebas. Terminé de vestirme y salí a reunirme con mis padres.

Nos marchamos cada uno a nuestra casa. Me apetecía comer tranquilamente e intentar descansar un poco, pues tenía que ir en un rato al médico de cabecera a por el parte de baja del día. El resto de la tarde, cuando iba a mear veía las estrellas, como era previsible.

Una semana después, acudí a la última cita del neurólogo privado. Tras ver todas las pruebas que me había mandado, me recomendó ir a un psicólogo y también a otro urólogo, porque pensaba que podría tener algún problema muy específico del suelo pélvico. Le pregunté si un psiquiatra podría servir, más que nada porque eso sí que me lo cubre la sociedad médica y porque me fío más de un médico que también me pueda poner un tratamiento, que sólo de hacer terapia psicológica. Pero me dijo que lo que él creía que yo necesitaba, era terapia.

A la semana siguiente, acudí a la cita del neurólogo de la SS. Básicamente lo único que hizo fue anotar las pruebas médicas que le llevé y sin pensar en otra causa posible, me recomendó ir a un psicólogo.

Otra semana más tarde (la semana pasada), acudí a la última cita del urólogo privado. Con las pruebas que le mostré, me dijo que era muy difícil que el problema fuera físico. También me recomendó ir a un psicólogo. Me comentó que en la clínica Rúber Internacional pasaba consulta "la Doctora Pajarón. Y no es ninguna broma, se llama así" -me dijo. Anoté mentalmente el nombre para buscarlo más adelante. Esa misma semana también tenía cita con el urólogo de la SS para que me comentase el compendio de todas las últimas pruebas. Su conclusión fue la misma, que debía acudir a un psicólogo. Y curiosamente, como le dije que no conocía a ningún sexólogo, me dio el teléfono de la doctora Parajón (el nombre real, que ya me parecía raro el otro). Me dijo que le comentase que iba de su parte y que si era necesario acudir a otro especialista, ella me lo recomendaría.

En conclusión, ahora que he llegado a otro punto muerto, las recomendaciones de casi todos son acudir a un psicólogo, cosa que no me apetece nada por múltiples razones, que quizá dejaré para otra entrada. Como he dicho, preferiría ir a un psiquiatra. De todas formas, es posible que al menos contacte con esta psicóloga a ver qué me cuenta, ya que de momento no veo muchas otras opciones. Y si acaso encuentro un psiquiatra adecuado, pues también me acercaré por ahí.

domingo, 14 de marzo de 2010

Insípido

Casi no podía creerlo, pero iba a comer a "El Bulli". El gran sueño de mucha gente se le había concedido: uno de sus contactos importantes le había ofrecido una invitación para acompañarle.

Viajó a Rosas con sus amigos. Esperaron impacientes la hora de entrar. Les condujeron a su mesa. Les presentaron la carta de tapas que iban a servir y comenzó el espectáculo. Los camareros se movían rápido, como bailando entre las mesas y sirvieron las primeras tapas en unos platos imposibles. Máxima concentración. Todos cogieron la primera porción y se la llevaron a la boca. Exclamaciones y murmullos de sorpresa se extendieron por el restaurante. Todo el mundo comentó que estaba excelente. Pero a él le supo prácticamente a agua.

"¿Pero qué demonios...?" -se preguntó. Entonces razonó que quizá esa era la gracia del plato; "aquí experimentan con los sabores, así que es posible que el primero sea una especie de broma para pillar a la gente desprevenida", concluyó. Pero entonces, ¿qué pasaba con los demás? ¿Por qué comentaban extasiados ese momento? ¿Quizá temían quedar como tontos ante los otros? Entre esas cavilaciones llegó la segunda tapa, emplatada en una cuchara ovalada. La observó detenidamente, tomándola con la mano derecha. La acercó a sus labios y sorbió lentamente, dejando que inundase su lengua y su paladar. Nada. Agua, igual que la anterior, e igual que la siguiente, y la siguiente, y la siguiente...

Empezó a sentirte mal, viendo como todos los demás disfrutaban mientras él no conseguía saborear ni la más mínima porción de comida. Sus compañeros estaban ajenos a su sufrimiento, comentando entre ellos los matices que iban descubriendo a cada paso. Él cada vez estaba más angustiado. ¿Qué podía hacer? Quizá disimular, como si estuviese disfrutando al igual que ellos... Pero en su pecho crecía una angustia que pronto sería incapaz de contener. De repente se levantó y se apresuró hacia la salida. Sus amigos le miraron marcharse, pero se quedaron callados por la sorpresa y no se movieron.

Trastabilló hasta la esquina, bajó las escaleras y a unos pasos, se apoyó como pudo en un árbol. Le costaba respirar. Las piernas le flaquearon y cayó de rodillas junto al árbol. Entonces rompió a llorar sin control. Los sollozos le ahogaban y creyó que nunca podría llorar todo lo que su cuerpo le pedía.

Por suerte no apareció nadie por allí. El llanto le fue desahogando poco a poco. Entonces estuvo en situación de pensar de nuevo. Razonó que nadie podría comprender lo que le pasaba, que tendría que ocultarlo para no ser visto como un bicho raro. Con bastante esfuerzo se fue recomponiendo, secó sus lágrimas, se sacudió y se colocó la ropa, suspiró y se dirigió de nuevo hacia el restaurante.

Buscó de nuevo su mesa. Sus compañeros le observaron y alguien preguntó:
-Pero hombre, ¿dónde estabas? Te has saltado un montón de tapas...
-Ya, tuve que salir un momento.
-Desde luego, mira que eres raro.
-¡Un brindis por los raros del mundo! -propuso alguien.
-¡Eso, que también tienen derecho!

Brindaron y rieron. Por suerte, siempre había quien desdramatizaba las situaciones. Imaginaba que así es como tendría que tomárselo a partir de ese momento.

De vuelta en su hogar, concertó una cita con su médico y unos días después, pasó por la consulta.

-¿Cuál es el problema? -preguntó el médico.
-Pues verá... No saboreo nada. Los alimentos han dejado de tener sabor para mí.
-Ya... Pero ¿sigue teniendo apetito?
-Sí, eso no lo he perdido. Sigo teniendo ganas de comer, tengo la sensación de hambre y la de que me apetece esto o aquello... Pero no me sabe a nada.
-Vaya... Pues no se conoce ningún transtorno físico que produzca los efectos que me comenta. Tiene toda la pinta de ser psicológico.
-¿Psicológico?

¿Psicológico?

¿A que te doy dos ostias?

viernes, 12 de marzo de 2010

Pofale

...
-¿algo más?
-Sí, también venía a por mis pastillas. ¿Me puede hacer un par de recetas, por favor?
-Claro. Ah, pregunté lo tuyo a un urólogo conocido. Es un chico que estudia bastante...
-¿Ah sí? ¿y le ha dicho algo?
-Dice que le parece muy raro que sea por tus operaciones, que es mucho más normal que sea psicológico... Que en algún momento hayas asociado algo y te haya afectado.
-Ya... -(Pofale. Hala, otro más con el cuento de siempre).
-Es que no ha visto un caso como el tuyo, ni ha leído nada igual.
-... Bueno, pues yo la verdad es que sí he leído algo. Llevo dos años buscando. No soy médico, pero sí que he llegado a alguna conclusión...
-¿Sí? ¿cuál?
-Bueno, perdone mi imprudencia, pero yo diría que esto puede ser algún neurotransmisor que no está funcionando bien. Hay un grupo en Internet de gente a la que le pasa lo mismo. Y hay algún caso que ha mejorado con un neurotransmisor... El GABA.
-¿inhibiendo el GABA?
-No, tomando GABA.
-Vaya, ¿y eso cómo se toma?
-Pues parece ser que se vende como suplemento para la gente que va al gimnasio, les servirá para aumentar el músculo o algo, no sé...
-Mmhhh... Ten cuidado...
-No, si yo no voy a tomar algo sin control médico. Además no he encontrado ningún sitio donde se venda en España.
-Vale, que sepas que puede ser peligroso.
-Claro. Bueno, gracias de todas formas por preguntar.
-De nada, es que también me quiero enterar yo de cómo va el asunto.
-Claro, gracias... Hasta luego.

Pofale.

Hoy en día, casi todo se puede encontrar. Sólo hace falta que un buscador lo tenga enlazado, un poco de suerte y habilidad buscando. Pero por suerte o por desgracia, también se encuentran las teorías contrarias al uso de la sustancia... Está claro que no me quiero joder ninguna función corporal intentando arreglar otra, pero mi vida sexual está prácticamente parada en este momento. Lo cual no quiere decir que vaya a dejar de luchar; sólo estoy declarando cómo me siento ahora mismo: tengo deseo, pero no puedo satisfacerlo porque mi cuerpo no me deja, así que disminuir mi actividad es lo único que me alivia un poco: dejar de pensar en la parte de mí que no funciona.

Dentro de un par de semanas vuelvo a tener visita con el neurólogo. Las pruebas han sido dolorosas, así que espero que no sean inútiles, que es lo que me parecen ahora mismo.

Espero equivocarme y que me recomienden un psiquiatra o algo así (al final, después de tanto insistir, voy a tener que probarlo, ya sea para demostrar que no es un problema mental o para corregirlo si lo es). Pero alguien especializado en problemas sexuales, no pienso acudir al primero que encuentre.

La guinda de hoy es que, como tantos otros días, estaba viendo a un tío tremendo (en este caso, en intenné), me puse como una moto, pero al tratar de acabar... Pofale. Es frustrante, y más todavía el que nadie al que no le pase pueda siquiera imaginar el vacío, la insatisfacción... Que esto no puede ser psicológico joder, con lo que yo he disfrutado hasta que se acabó... Que el problema psicológico se me está creando después con la incapacidad de disfrutar.