Buenas. Pues mire, llevo dos años de médicos y no dan con lo que me pasa. Y es normal, porque no hay información sobre el tema. O más bien, nadie se molesta en mirar el tema desde una nueva perspectiva. Casi todos ellos llegan a un punto en el que me recomiendan ir a un psicólogo, pero pienso que más que porque crean que es un problema psicológico, es porque al no encontrar evidencias físicas, me pasan al cajón desastre de los problemas mentales.
No me entienda mal. Por una parte pienso que ojalá fuera un problema psicológico, porque sé que entonces tendría solución. Pero por otra parte, si esto fuera psicológico, si mi mente estuviese realmente bloqueando mis sensaciones, estamos jodidos. Muy jodidos. Porque no existe ninguna causa razonable que yo pueda recordar, ningún trauma que pueda haberme afectado de esta manera. Si de verdad ha existido y mi mente está haciéndome la puñeta, significaría que ya no tengo control sobre mis actos, que en cualquier momento mi mente podría putearme de otro modo y no tendría posibilidad de detectarlo para defenderme.
¿De verdad una mente puede hacer esto?
¿Qué siento? Pues por explicarlo con un símil, imagínese que en nuestro cuerpo existiese un mando de volúmen, como el que tienen los equipos de sonido. Casi todos los mandos suelen tener una escala, por ejemplo de 0 a 10, que para nuestro caso, en lugar de indicarnos el volumen, indicaría el placer físico sexual experimentado. Cuando yo no tenía este problema, tener relaciones sexuales (tanto con otras personas como masturbándome) significaba un placer del 7 hacia arriba, y entre el 9 y el 10 durante un buen periodo y durante el orgasmo. Sentía cómo se acumulaba la tensión sexual físicamente y cómo se liberaba durante el clímax; las contracciones pélvicas eran plenas, profundas, muy nítidas. Era un placer físico satisfactorio, saciante, apremiante: el cuerpo me pedía sentirlo, disfrutarlo y compartirlo. Hacerlo era una sensación de bienestar y de plenitud.
Cuando comencé a tener este problema, las sensaciones bajaron prácticamente a cero tras mi segunda operación (que yo pienso que puede estar relacionada, pero según los médicos que me han visto no lo creen). Las primeras veces que ocurre, la mente no encuentra una explicación a lo que está pasando: no cuadra que en el momento del orgasmo no se siente nada, es como un error de procesamiento. Se te rompen los esquemas, vaya. Posteriormente, te das cuenta de que en realidad, el mando del volumen está muy bajo casi todo el tiempo: existen sensaciones de tacto, leves cosquilleos con las caricias... pero no pasa de ahí. No se siente una tensión sexual creciente y cuando llega el supuesto orgasmo, las contracciones pélvicas son casi imperceptibles, aunque existen (se notan al tacto). Entonces es cuando la frustración comienza a crecer, por no poder desahogarse y sentir lo que el cuerpo está pidiendo.
El deseo sexual no desaparece. La necesidad tampoco. Si al menos fuese así, la solución podría ser la abstinencia. Pero el cuerpo lo necesita, lo pide. La atracción hacia los objetos de deseo permanece, pero no se puede saciar. Se sigue introduciendo uno mentalmente en el acto, intentando satisfacer al compañero, intentando disfrutar de las sensaciones, pero no es suficiente.
No se trata de un problema de situación: ocurre tanto con la masturbación, como en las relaciones con otras personas. De hecho, cada una de las formas tiene su parte buena: en una relación con alguien más, existe la ternura, el calor del otro, verle disfrutar, intentar que disfrute más, sentir que él está haciendo lo mismo por ti. En la masturbación, por otra parte, se tiene más control sobre las propias sensaciones, existen las fantasías y los incentivos visuales que pueda uno proporcionarse... Ambas formas son disfrutables de diferentes maneras.
Si todo esto fuese mental, ¿por qué ocurre que a veces (por desgracia pocas), las sensaciones vuelven parcialmente? Sin hacer nada especial con respecto a otras veces, el mando del volumen del placer vuelve a subir unos cuantos puntos. La sensación es tan potente en el glande y en otras zonas erógenas, con respecto a la habitual "anestesia", que casi asusta. Entonces es cuando recuerdo: esto es lo que yo sentía antes, qué placer. Disfruto lo que puedo de esa ocasión y me siento bien. Pero las siguientes veces vuelve a bajar el volumen.
Puede que suene fatal, pero tengo que decirlo: No me gustaría nada hacer terapia, perdiendo tiempo y dinero, para no obtener ningún resultado. Como he dicho, ojalá esto fuese psicológico, porque eso significaría que se puede corregir. Entiendo que intentará ayudarme y para ello necesitará algunas sesiones. Pero por favor, si llega a la conclusión de que esto no se debe a una causa psicológica, le ruego que lo diga cuanto antes.
lunes, 17 de mayo de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
Pruebas Médicas Desagradables IV
ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE. SI ERES APRENSIVO NO LO LEAS.
Bueeeeeno, pues nada, ya ha pasado otro episodio en esta interminable historia médica. Quien sea fuerte de estómago y quiera ver los anteriores capítulos de la saga, aquí dejo unos enlaces a ellos: PRIMERO, SEGUNDO y TERCERO.
Como diría una voz en off si esto fuera una serie de TV: "Anteriormente, en redondeados"... El último urólogo que me había visto en la SS me dijo que me iban a hacer una cistoscopia y una cistouretrografía miccional seriada (en este caso inapropiadamente abreviada como CUMS, porque ¡qué más quisiera yo que correrme!). El impreso de solicitud de las pruebas médicas ya parecía una quiniela con tantas casillas marcadas.
También me propuse visitar un neurólogo privado para intentar ir averiguando cosas por otro camino. A mí particularmente me cuadra bastante que esto sea un problema neurológico o químico... Aparte de eso, en una visita a mi médico de cabecera, le consulté si podía pedir cita para un neurólogo de la SS también y me firmó el volante de solicitud.
En estas, el calendario con la SS quedaba algo asín: Pruebas Urología - 21 abril. Consulta Neurología - 27 abril. Consulta Urología - 12 mayo.
Por otra parte, comencé a ir al neurólogo privado a principios de año. Le expliqué mi problema y el hombre flipó. Me hizo unas pruebas básicas de fuerza y sensibilidad y me solicitó un electromiograma y unas resonancias de pelvis y posteriormente, del celebro. Las pruebas neurológicas fueron muy dolorosas (básicamente consisten en introducirte unas agujas y mandar descargas eléctricas).
La verdad, no sé si el médico llegó a terminarlas como quiso, porque yo no aguantaba el dolor en los gemelos. Como también llevo dos años con mi fascitis plantar, es posible que mis músculos de la parte inferior de las piernas no estén todo lo relajados que debieran. Por cierto, que este médico sí que lo flipó mucho (yo creo que hasta ahora, el que más con diferencia) cuando le conté mi problema. O nunca había visto algo parecido, o se salía completamente de sus esquemas.
No tiene nada que ver con el tema, pero la mala suerte hizo que cinco o seis días antes de las pruebas urológicas de la SS, un virus me debió atacar al sistema digestivo. Empecé el viernes por la tarde encontrándome de pena e incluso no pude evitar potar en la calle... Que para que yo vomite, ya tengo que estar mal. Pasé todo el fin de semana en casa hecho una braga y el lunes tuve que pedir la baja porque no estaba bien del todo. Más bien parecía haber recibido una paliza en las costillas, de lo que me dolían. Probablemente fue por la temblequera de la fiebre, los esfuerzos en el baño, etc. Qué mal cuerpo, pisha. En fin, menos mal que un par de días antes de las pruebas comencé a recuperarme.
Llegó el fatídico 21 de abril. Recordándome lo mal que lo pasé el año anterior por un simple sondaje, me imaginé que no iba a ser un camino de rosas. Resulta que cuando llegué a la primera prueba (cistoscopia, uséase, meterme la handycam por la punta del pepino), al parecer necesitaban el cistoscopio en quirófano, por lo que las citas se empezaron a retrasar más y más. Pude hablar con una enfermera y decirle que tenía otra prueba, para saber si me iba o me esperaba. Llamaron a la otra consulta y me dijeron que me fuera para allá y que cuando volviese, avisase de que ya estaba allí.
Total, que me fui a hacerme la cistouretrografía. Me llamaron enseguida, tan pronto que no me había dado tiempo a orinar... Para la otra prueba parece que daba igual, pero en esta tenía que ir con la vejiga vacía. Lo comenté, me dejaron salir un momento a mear y volví a entrar. Me despeloté y me subieron a la cama de radiografías. Tardaron en prepararme, porque entre medias se fueron un rato a charlar de otro caso... Yo allí tumbado, bastante nervioso. Cuando vinieron, me hicieron las preguntas de rigor para saber lo que me pasaba y tal. También les comenté que el año anterior me habían sondado y lo pasé fatal. Me dijo que no pasaba nada, que era un pequeño escozor pero pasaría enseguida.
Me preguntó si era alérgico al betadine antes de limpiarme el glande con él. Joder, mira que tengo poca sensibilidad, pero el frotamiento de la gasa por la zona (que todavia conserva algo de sensación) me daba gustirrinín. La médica me miró, como cuestionándose mi cara de poker. Luego me dijo que me iba a poner la sonda, que aguantase. Fue desagradable, pero poco a poco pasó para adentro. Luego me llenaron la vejiga de líquido de contraste. Es una sensación rara, porque en cuestión de segundos se sienten bastantes ganas de mear.
Hicieron una serie de imágenes mientras se llenaba y luego me sacaron la sonda. Me quedé bastante sorprendido y aliviado porque no sentí nada de dolor en la extracción. Luego me pusieron una botella de las que se usan para mear y me dijeron que cuando me dieran la señal, tenía que mear en ella mientras sacaban unas cuantas imágenes más. Allí tumbado de medio lado costaba horrores mear. Yo creo que no logré vaciar ni la mitad de la vejiga. Debieron pasar un par de minutos y como vieron que no terminaba, vinieron a decirme que pasase al baño, vaciase todo lo posible y me volviese a poner en la máquina para hacerme las últimas imágenes con la vejiga vacía.
Una vez hecho esto, me dijeron que ya me podía marchar, que mandarían las imágenes automáticamente a la otra doctora. Me vestí y salí, volviendo con mis padres a la otra consulta. Cuando llegamos, le comenté a la enfermera que ya me habían hecho la otra prueba. Me dijo que de acuerdo, que esperase y cuando me llegase el turno me avisarían.
Empezó a pasar tiempo y más tiempo. Yo me imaginaba que no podría ir a recuperar nada del trabajo, pero ya estaba claro. Lo bueno es que yo estaba casi en plan zen, intentando conservar la calma y mis padres, por el contrario, poniéndome de los nervios: que si por qué no preguntas cuándo te toca, que si a ver si se han olvidado de ti... Yo alucino, cuando tienen que reclamar algo no lo hacen y cuando sólo hay que esperar, son un manojo de nervios... En fin, que bastante nervioso estaba yo ya con todo el asunto como para encima tener que lidiar con ellos.
Yo sabía que había tres o cuatro personas por delante de mí. Además, cada vez que usaban el cistoscopio, veía cómo lo sacaban en un carrito (tapado) y lo llevaban a limpiar antes de usarlo con el siguiente paciente... Así que el proceso era lento, pero sólo quedaba esperar. Por fin me llamaron, entré a la consulta, expliqué lo que me pasaba y la médica me dejó con las enfermera para que me preparasen.
Me retrajeron el prepucio, me volvieron a limpiar y me pusieron una cánula de anestésico por la uretra, un tanto desagradable. Unos minutos después vino la doctora y me dijo que no me preocupase, que el proceso era bastante rápido. Me dijo que si quería, podía ver en la pantalla las imágenes del interior. Le di las gracias, pero no me apetecía; sabía que no se veía nada raro, pero no era lo mismo mientras andaban hurgando en mi interior. Me insistió que lo que se veía era como un campo de nubes, pero volví a decirle que no educadamente. Interiormente pensé que mejor me esperaba a que la distribuidora publicase el DVD.
No sentía dolor propiamente dicho, pero sí mucha incomodidad. Me dijo que primero iba a notar frío y agua y comenzó a entrar. Iba comentando a las enfermeras lo que se veía, al parecer nada anormal salvo un poco de suciedad en algún punto. Pronto llegó al cuello de la vejiga y me dijo que inspirase fuerte mientras lo atravesaba. Fue una sensación de escozor bastante intensa. Miró todo por dentro, preguntándome cómo me encontraba. Me costó contestar y puede que pensaran que me pasaba algo. Dije que estaba muy incómodo. Luego dijo que iba a empezar a salir despacio. Poco a poco fue hacia fuera hasta salir del todo. Me dijo que ya estaba, que me había portado muy bien y que me quedase un momento tumbado.
Las enfermeras comenzaron a limpiar los instrumentos, preparándolo todo para el siguiente paciente, si lo había. Un minuto después me dijeron que me fuera incorporando despacio y me quedase sentado un momento. Le pregunté a la doctora si había visto algo raro. Se levantó del ordenador, al otro lado de un biombo donde yo no la veía y vino a charlar conmigo. Me dijo que se veía todo prácticamente normal, que había visto las otras imágenes y si acaso el cuello de la vejiga era un poco estrecho. Le comenté que mi problema principal era que había perdido la sensación de placer sexual. Me dijo que era difícil que los urólogos pudieran darme una solución, que normalmente esto debía tratarlo un sexólogo. Luego me dijo que podía prepararme para irme, mientras terminaba de escribir el informe.
Pasé al baño/vestidor y decidí orinar, ya que me habían metido bastante líquido y todavía tenía el anestésico que evitaría sentir dolor. Al poco de acabar, la enfermera llamó y pasó para darme el informe y el antibiótico que debía tomar para prevenir las infecciones por las pruebas. Terminé de vestirme y salí a reunirme con mis padres.
Nos marchamos cada uno a nuestra casa. Me apetecía comer tranquilamente e intentar descansar un poco, pues tenía que ir en un rato al médico de cabecera a por el parte de baja del día. El resto de la tarde, cuando iba a mear veía las estrellas, como era previsible.
Una semana después, acudí a la última cita del neurólogo privado. Tras ver todas las pruebas que me había mandado, me recomendó ir a un psicólogo y también a otro urólogo, porque pensaba que podría tener algún problema muy específico del suelo pélvico. Le pregunté si un psiquiatra podría servir, más que nada porque eso sí que me lo cubre la sociedad médica y porque me fío más de un médico que también me pueda poner un tratamiento, que sólo de hacer terapia psicológica. Pero me dijo que lo que él creía que yo necesitaba, era terapia.
A la semana siguiente, acudí a la cita del neurólogo de la SS. Básicamente lo único que hizo fue anotar las pruebas médicas que le llevé y sin pensar en otra causa posible, me recomendó ir a un psicólogo.
Otra semana más tarde (la semana pasada), acudí a la última cita del urólogo privado. Con las pruebas que le mostré, me dijo que era muy difícil que el problema fuera físico. También me recomendó ir a un psicólogo. Me comentó que en la clínica Rúber Internacional pasaba consulta "la Doctora Pajarón. Y no es ninguna broma, se llama así" -me dijo. Anoté mentalmente el nombre para buscarlo más adelante. Esa misma semana también tenía cita con el urólogo de la SS para que me comentase el compendio de todas las últimas pruebas. Su conclusión fue la misma, que debía acudir a un psicólogo. Y curiosamente, como le dije que no conocía a ningún sexólogo, me dio el teléfono de la doctora Parajón (el nombre real, que ya me parecía raro el otro). Me dijo que le comentase que iba de su parte y que si era necesario acudir a otro especialista, ella me lo recomendaría.
En conclusión, ahora que he llegado a otro punto muerto, las recomendaciones de casi todos son acudir a un psicólogo, cosa que no me apetece nada por múltiples razones, que quizá dejaré para otra entrada. Como he dicho, preferiría ir a un psiquiatra. De todas formas, es posible que al menos contacte con esta psicóloga a ver qué me cuenta, ya que de momento no veo muchas otras opciones. Y si acaso encuentro un psiquiatra adecuado, pues también me acercaré por ahí.
Bueeeeeno, pues nada, ya ha pasado otro episodio en esta interminable historia médica. Quien sea fuerte de estómago y quiera ver los anteriores capítulos de la saga, aquí dejo unos enlaces a ellos: PRIMERO, SEGUNDO y TERCERO.
Como diría una voz en off si esto fuera una serie de TV: "Anteriormente, en redondeados"... El último urólogo que me había visto en la SS me dijo que me iban a hacer una cistoscopia y una cistouretrografía miccional seriada (en este caso inapropiadamente abreviada como CUMS, porque ¡qué más quisiera yo que correrme!). El impreso de solicitud de las pruebas médicas ya parecía una quiniela con tantas casillas marcadas.
También me propuse visitar un neurólogo privado para intentar ir averiguando cosas por otro camino. A mí particularmente me cuadra bastante que esto sea un problema neurológico o químico... Aparte de eso, en una visita a mi médico de cabecera, le consulté si podía pedir cita para un neurólogo de la SS también y me firmó el volante de solicitud.
En estas, el calendario con la SS quedaba algo asín: Pruebas Urología - 21 abril. Consulta Neurología - 27 abril. Consulta Urología - 12 mayo.
Por otra parte, comencé a ir al neurólogo privado a principios de año. Le expliqué mi problema y el hombre flipó. Me hizo unas pruebas básicas de fuerza y sensibilidad y me solicitó un electromiograma y unas resonancias de pelvis y posteriormente, del celebro. Las pruebas neurológicas fueron muy dolorosas (básicamente consisten en introducirte unas agujas y mandar descargas eléctricas).
La verdad, no sé si el médico llegó a terminarlas como quiso, porque yo no aguantaba el dolor en los gemelos. Como también llevo dos años con mi fascitis plantar, es posible que mis músculos de la parte inferior de las piernas no estén todo lo relajados que debieran. Por cierto, que este médico sí que lo flipó mucho (yo creo que hasta ahora, el que más con diferencia) cuando le conté mi problema. O nunca había visto algo parecido, o se salía completamente de sus esquemas.
No tiene nada que ver con el tema, pero la mala suerte hizo que cinco o seis días antes de las pruebas urológicas de la SS, un virus me debió atacar al sistema digestivo. Empecé el viernes por la tarde encontrándome de pena e incluso no pude evitar potar en la calle... Que para que yo vomite, ya tengo que estar mal. Pasé todo el fin de semana en casa hecho una braga y el lunes tuve que pedir la baja porque no estaba bien del todo. Más bien parecía haber recibido una paliza en las costillas, de lo que me dolían. Probablemente fue por la temblequera de la fiebre, los esfuerzos en el baño, etc. Qué mal cuerpo, pisha. En fin, menos mal que un par de días antes de las pruebas comencé a recuperarme.
Llegó el fatídico 21 de abril. Recordándome lo mal que lo pasé el año anterior por un simple sondaje, me imaginé que no iba a ser un camino de rosas. Resulta que cuando llegué a la primera prueba (cistoscopia, uséase, meterme la handycam por la punta del pepino), al parecer necesitaban el cistoscopio en quirófano, por lo que las citas se empezaron a retrasar más y más. Pude hablar con una enfermera y decirle que tenía otra prueba, para saber si me iba o me esperaba. Llamaron a la otra consulta y me dijeron que me fuera para allá y que cuando volviese, avisase de que ya estaba allí.
Total, que me fui a hacerme la cistouretrografía. Me llamaron enseguida, tan pronto que no me había dado tiempo a orinar... Para la otra prueba parece que daba igual, pero en esta tenía que ir con la vejiga vacía. Lo comenté, me dejaron salir un momento a mear y volví a entrar. Me despeloté y me subieron a la cama de radiografías. Tardaron en prepararme, porque entre medias se fueron un rato a charlar de otro caso... Yo allí tumbado, bastante nervioso. Cuando vinieron, me hicieron las preguntas de rigor para saber lo que me pasaba y tal. También les comenté que el año anterior me habían sondado y lo pasé fatal. Me dijo que no pasaba nada, que era un pequeño escozor pero pasaría enseguida.
Me preguntó si era alérgico al betadine antes de limpiarme el glande con él. Joder, mira que tengo poca sensibilidad, pero el frotamiento de la gasa por la zona (que todavia conserva algo de sensación) me daba gustirrinín. La médica me miró, como cuestionándose mi cara de poker. Luego me dijo que me iba a poner la sonda, que aguantase. Fue desagradable, pero poco a poco pasó para adentro. Luego me llenaron la vejiga de líquido de contraste. Es una sensación rara, porque en cuestión de segundos se sienten bastantes ganas de mear.
Hicieron una serie de imágenes mientras se llenaba y luego me sacaron la sonda. Me quedé bastante sorprendido y aliviado porque no sentí nada de dolor en la extracción. Luego me pusieron una botella de las que se usan para mear y me dijeron que cuando me dieran la señal, tenía que mear en ella mientras sacaban unas cuantas imágenes más. Allí tumbado de medio lado costaba horrores mear. Yo creo que no logré vaciar ni la mitad de la vejiga. Debieron pasar un par de minutos y como vieron que no terminaba, vinieron a decirme que pasase al baño, vaciase todo lo posible y me volviese a poner en la máquina para hacerme las últimas imágenes con la vejiga vacía.
Una vez hecho esto, me dijeron que ya me podía marchar, que mandarían las imágenes automáticamente a la otra doctora. Me vestí y salí, volviendo con mis padres a la otra consulta. Cuando llegamos, le comenté a la enfermera que ya me habían hecho la otra prueba. Me dijo que de acuerdo, que esperase y cuando me llegase el turno me avisarían.
Empezó a pasar tiempo y más tiempo. Yo me imaginaba que no podría ir a recuperar nada del trabajo, pero ya estaba claro. Lo bueno es que yo estaba casi en plan zen, intentando conservar la calma y mis padres, por el contrario, poniéndome de los nervios: que si por qué no preguntas cuándo te toca, que si a ver si se han olvidado de ti... Yo alucino, cuando tienen que reclamar algo no lo hacen y cuando sólo hay que esperar, son un manojo de nervios... En fin, que bastante nervioso estaba yo ya con todo el asunto como para encima tener que lidiar con ellos.
Yo sabía que había tres o cuatro personas por delante de mí. Además, cada vez que usaban el cistoscopio, veía cómo lo sacaban en un carrito (tapado) y lo llevaban a limpiar antes de usarlo con el siguiente paciente... Así que el proceso era lento, pero sólo quedaba esperar. Por fin me llamaron, entré a la consulta, expliqué lo que me pasaba y la médica me dejó con las enfermera para que me preparasen.
Me retrajeron el prepucio, me volvieron a limpiar y me pusieron una cánula de anestésico por la uretra, un tanto desagradable. Unos minutos después vino la doctora y me dijo que no me preocupase, que el proceso era bastante rápido. Me dijo que si quería, podía ver en la pantalla las imágenes del interior. Le di las gracias, pero no me apetecía; sabía que no se veía nada raro, pero no era lo mismo mientras andaban hurgando en mi interior. Me insistió que lo que se veía era como un campo de nubes, pero volví a decirle que no educadamente. Interiormente pensé que mejor me esperaba a que la distribuidora publicase el DVD.
No sentía dolor propiamente dicho, pero sí mucha incomodidad. Me dijo que primero iba a notar frío y agua y comenzó a entrar. Iba comentando a las enfermeras lo que se veía, al parecer nada anormal salvo un poco de suciedad en algún punto. Pronto llegó al cuello de la vejiga y me dijo que inspirase fuerte mientras lo atravesaba. Fue una sensación de escozor bastante intensa. Miró todo por dentro, preguntándome cómo me encontraba. Me costó contestar y puede que pensaran que me pasaba algo. Dije que estaba muy incómodo. Luego dijo que iba a empezar a salir despacio. Poco a poco fue hacia fuera hasta salir del todo. Me dijo que ya estaba, que me había portado muy bien y que me quedase un momento tumbado.
Las enfermeras comenzaron a limpiar los instrumentos, preparándolo todo para el siguiente paciente, si lo había. Un minuto después me dijeron que me fuera incorporando despacio y me quedase sentado un momento. Le pregunté a la doctora si había visto algo raro. Se levantó del ordenador, al otro lado de un biombo donde yo no la veía y vino a charlar conmigo. Me dijo que se veía todo prácticamente normal, que había visto las otras imágenes y si acaso el cuello de la vejiga era un poco estrecho. Le comenté que mi problema principal era que había perdido la sensación de placer sexual. Me dijo que era difícil que los urólogos pudieran darme una solución, que normalmente esto debía tratarlo un sexólogo. Luego me dijo que podía prepararme para irme, mientras terminaba de escribir el informe.
Pasé al baño/vestidor y decidí orinar, ya que me habían metido bastante líquido y todavía tenía el anestésico que evitaría sentir dolor. Al poco de acabar, la enfermera llamó y pasó para darme el informe y el antibiótico que debía tomar para prevenir las infecciones por las pruebas. Terminé de vestirme y salí a reunirme con mis padres.
Nos marchamos cada uno a nuestra casa. Me apetecía comer tranquilamente e intentar descansar un poco, pues tenía que ir en un rato al médico de cabecera a por el parte de baja del día. El resto de la tarde, cuando iba a mear veía las estrellas, como era previsible.
Una semana después, acudí a la última cita del neurólogo privado. Tras ver todas las pruebas que me había mandado, me recomendó ir a un psicólogo y también a otro urólogo, porque pensaba que podría tener algún problema muy específico del suelo pélvico. Le pregunté si un psiquiatra podría servir, más que nada porque eso sí que me lo cubre la sociedad médica y porque me fío más de un médico que también me pueda poner un tratamiento, que sólo de hacer terapia psicológica. Pero me dijo que lo que él creía que yo necesitaba, era terapia.
A la semana siguiente, acudí a la cita del neurólogo de la SS. Básicamente lo único que hizo fue anotar las pruebas médicas que le llevé y sin pensar en otra causa posible, me recomendó ir a un psicólogo.
Otra semana más tarde (la semana pasada), acudí a la última cita del urólogo privado. Con las pruebas que le mostré, me dijo que era muy difícil que el problema fuera físico. También me recomendó ir a un psicólogo. Me comentó que en la clínica Rúber Internacional pasaba consulta "la Doctora Pajarón. Y no es ninguna broma, se llama así" -me dijo. Anoté mentalmente el nombre para buscarlo más adelante. Esa misma semana también tenía cita con el urólogo de la SS para que me comentase el compendio de todas las últimas pruebas. Su conclusión fue la misma, que debía acudir a un psicólogo. Y curiosamente, como le dije que no conocía a ningún sexólogo, me dio el teléfono de la doctora Parajón (el nombre real, que ya me parecía raro el otro). Me dijo que le comentase que iba de su parte y que si era necesario acudir a otro especialista, ella me lo recomendaría.
En conclusión, ahora que he llegado a otro punto muerto, las recomendaciones de casi todos son acudir a un psicólogo, cosa que no me apetece nada por múltiples razones, que quizá dejaré para otra entrada. Como he dicho, preferiría ir a un psiquiatra. De todas formas, es posible que al menos contacte con esta psicóloga a ver qué me cuenta, ya que de momento no veo muchas otras opciones. Y si acaso encuentro un psiquiatra adecuado, pues también me acercaré por ahí.
domingo, 14 de marzo de 2010
Insípido
Casi no podía creerlo, pero iba a comer a "El Bulli". El gran sueño de mucha gente se le había concedido: uno de sus contactos importantes le había ofrecido una invitación para acompañarle.
Viajó a Rosas con sus amigos. Esperaron impacientes la hora de entrar. Les condujeron a su mesa. Les presentaron la carta de tapas que iban a servir y comenzó el espectáculo. Los camareros se movían rápido, como bailando entre las mesas y sirvieron las primeras tapas en unos platos imposibles. Máxima concentración. Todos cogieron la primera porción y se la llevaron a la boca. Exclamaciones y murmullos de sorpresa se extendieron por el restaurante. Todo el mundo comentó que estaba excelente. Pero a él le supo prácticamente a agua.
"¿Pero qué demonios...?" -se preguntó. Entonces razonó que quizá esa era la gracia del plato; "aquí experimentan con los sabores, así que es posible que el primero sea una especie de broma para pillar a la gente desprevenida", concluyó. Pero entonces, ¿qué pasaba con los demás? ¿Por qué comentaban extasiados ese momento? ¿Quizá temían quedar como tontos ante los otros? Entre esas cavilaciones llegó la segunda tapa, emplatada en una cuchara ovalada. La observó detenidamente, tomándola con la mano derecha. La acercó a sus labios y sorbió lentamente, dejando que inundase su lengua y su paladar. Nada. Agua, igual que la anterior, e igual que la siguiente, y la siguiente, y la siguiente...
Empezó a sentirte mal, viendo como todos los demás disfrutaban mientras él no conseguía saborear ni la más mínima porción de comida. Sus compañeros estaban ajenos a su sufrimiento, comentando entre ellos los matices que iban descubriendo a cada paso. Él cada vez estaba más angustiado. ¿Qué podía hacer? Quizá disimular, como si estuviese disfrutando al igual que ellos... Pero en su pecho crecía una angustia que pronto sería incapaz de contener. De repente se levantó y se apresuró hacia la salida. Sus amigos le miraron marcharse, pero se quedaron callados por la sorpresa y no se movieron.
Trastabilló hasta la esquina, bajó las escaleras y a unos pasos, se apoyó como pudo en un árbol. Le costaba respirar. Las piernas le flaquearon y cayó de rodillas junto al árbol. Entonces rompió a llorar sin control. Los sollozos le ahogaban y creyó que nunca podría llorar todo lo que su cuerpo le pedía.
Por suerte no apareció nadie por allí. El llanto le fue desahogando poco a poco. Entonces estuvo en situación de pensar de nuevo. Razonó que nadie podría comprender lo que le pasaba, que tendría que ocultarlo para no ser visto como un bicho raro. Con bastante esfuerzo se fue recomponiendo, secó sus lágrimas, se sacudió y se colocó la ropa, suspiró y se dirigió de nuevo hacia el restaurante.
Buscó de nuevo su mesa. Sus compañeros le observaron y alguien preguntó:
-Pero hombre, ¿dónde estabas? Te has saltado un montón de tapas...
-Ya, tuve que salir un momento.
-Desde luego, mira que eres raro.
-¡Un brindis por los raros del mundo! -propuso alguien.
-¡Eso, que también tienen derecho!
Brindaron y rieron. Por suerte, siempre había quien desdramatizaba las situaciones. Imaginaba que así es como tendría que tomárselo a partir de ese momento.
De vuelta en su hogar, concertó una cita con su médico y unos días después, pasó por la consulta.
-¿Cuál es el problema? -preguntó el médico.
-Pues verá... No saboreo nada. Los alimentos han dejado de tener sabor para mí.
-Ya... Pero ¿sigue teniendo apetito?
-Sí, eso no lo he perdido. Sigo teniendo ganas de comer, tengo la sensación de hambre y la de que me apetece esto o aquello... Pero no me sabe a nada.
-Vaya... Pues no se conoce ningún transtorno físico que produzca los efectos que me comenta. Tiene toda la pinta de ser psicológico.
-¿Psicológico?
Viajó a Rosas con sus amigos. Esperaron impacientes la hora de entrar. Les condujeron a su mesa. Les presentaron la carta de tapas que iban a servir y comenzó el espectáculo. Los camareros se movían rápido, como bailando entre las mesas y sirvieron las primeras tapas en unos platos imposibles. Máxima concentración. Todos cogieron la primera porción y se la llevaron a la boca. Exclamaciones y murmullos de sorpresa se extendieron por el restaurante. Todo el mundo comentó que estaba excelente. Pero a él le supo prácticamente a agua.
"¿Pero qué demonios...?" -se preguntó. Entonces razonó que quizá esa era la gracia del plato; "aquí experimentan con los sabores, así que es posible que el primero sea una especie de broma para pillar a la gente desprevenida", concluyó. Pero entonces, ¿qué pasaba con los demás? ¿Por qué comentaban extasiados ese momento? ¿Quizá temían quedar como tontos ante los otros? Entre esas cavilaciones llegó la segunda tapa, emplatada en una cuchara ovalada. La observó detenidamente, tomándola con la mano derecha. La acercó a sus labios y sorbió lentamente, dejando que inundase su lengua y su paladar. Nada. Agua, igual que la anterior, e igual que la siguiente, y la siguiente, y la siguiente...
Empezó a sentirte mal, viendo como todos los demás disfrutaban mientras él no conseguía saborear ni la más mínima porción de comida. Sus compañeros estaban ajenos a su sufrimiento, comentando entre ellos los matices que iban descubriendo a cada paso. Él cada vez estaba más angustiado. ¿Qué podía hacer? Quizá disimular, como si estuviese disfrutando al igual que ellos... Pero en su pecho crecía una angustia que pronto sería incapaz de contener. De repente se levantó y se apresuró hacia la salida. Sus amigos le miraron marcharse, pero se quedaron callados por la sorpresa y no se movieron.
Trastabilló hasta la esquina, bajó las escaleras y a unos pasos, se apoyó como pudo en un árbol. Le costaba respirar. Las piernas le flaquearon y cayó de rodillas junto al árbol. Entonces rompió a llorar sin control. Los sollozos le ahogaban y creyó que nunca podría llorar todo lo que su cuerpo le pedía.
Por suerte no apareció nadie por allí. El llanto le fue desahogando poco a poco. Entonces estuvo en situación de pensar de nuevo. Razonó que nadie podría comprender lo que le pasaba, que tendría que ocultarlo para no ser visto como un bicho raro. Con bastante esfuerzo se fue recomponiendo, secó sus lágrimas, se sacudió y se colocó la ropa, suspiró y se dirigió de nuevo hacia el restaurante.
Buscó de nuevo su mesa. Sus compañeros le observaron y alguien preguntó:
-Pero hombre, ¿dónde estabas? Te has saltado un montón de tapas...
-Ya, tuve que salir un momento.
-Desde luego, mira que eres raro.
-¡Un brindis por los raros del mundo! -propuso alguien.
-¡Eso, que también tienen derecho!
Brindaron y rieron. Por suerte, siempre había quien desdramatizaba las situaciones. Imaginaba que así es como tendría que tomárselo a partir de ese momento.
De vuelta en su hogar, concertó una cita con su médico y unos días después, pasó por la consulta.
-¿Cuál es el problema? -preguntó el médico.
-Pues verá... No saboreo nada. Los alimentos han dejado de tener sabor para mí.
-Ya... Pero ¿sigue teniendo apetito?
-Sí, eso no lo he perdido. Sigo teniendo ganas de comer, tengo la sensación de hambre y la de que me apetece esto o aquello... Pero no me sabe a nada.
-Vaya... Pues no se conoce ningún transtorno físico que produzca los efectos que me comenta. Tiene toda la pinta de ser psicológico.
-¿Psicológico?
¿Psicológico?
¿A que te doy dos ostias?
viernes, 12 de marzo de 2010
Pofale
...
-¿algo más?
-Sí, también venía a por mis pastillas. ¿Me puede hacer un par de recetas, por favor?
-Claro. Ah, pregunté lo tuyo a un urólogo conocido. Es un chico que estudia bastante...
-¿Ah sí? ¿y le ha dicho algo?
-Dice que le parece muy raro que sea por tus operaciones, que es mucho más normal que sea psicológico... Que en algún momento hayas asociado algo y te haya afectado.
-Ya... -(Pofale. Hala, otro más con el cuento de siempre).
-Es que no ha visto un caso como el tuyo, ni ha leído nada igual.
-... Bueno, pues yo la verdad es que sí he leído algo. Llevo dos años buscando. No soy médico, pero sí que he llegado a alguna conclusión...
-¿Sí? ¿cuál?
-Bueno, perdone mi imprudencia, pero yo diría que esto puede ser algún neurotransmisor que no está funcionando bien. Hay un grupo en Internet de gente a la que le pasa lo mismo. Y hay algún caso que ha mejorado con un neurotransmisor... El GABA.
-¿inhibiendo el GABA?
-No, tomando GABA.
-Vaya, ¿y eso cómo se toma?
-Pues parece ser que se vende como suplemento para la gente que va al gimnasio, les servirá para aumentar el músculo o algo, no sé...
-Mmhhh... Ten cuidado...
-No, si yo no voy a tomar algo sin control médico. Además no he encontrado ningún sitio donde se venda en España.
-Vale, que sepas que puede ser peligroso.
-Claro. Bueno, gracias de todas formas por preguntar.
-De nada, es que también me quiero enterar yo de cómo va el asunto.
-Claro, gracias... Hasta luego.
Pofale.
Hoy en día, casi todo se puede encontrar. Sólo hace falta que un buscador lo tenga enlazado, un poco de suerte y habilidad buscando. Pero por suerte o por desgracia, también se encuentran las teorías contrarias al uso de la sustancia... Está claro que no me quiero joder ninguna función corporal intentando arreglar otra, pero mi vida sexual está prácticamente parada en este momento. Lo cual no quiere decir que vaya a dejar de luchar; sólo estoy declarando cómo me siento ahora mismo: tengo deseo, pero no puedo satisfacerlo porque mi cuerpo no me deja, así que disminuir mi actividad es lo único que me alivia un poco: dejar de pensar en la parte de mí que no funciona.
Dentro de un par de semanas vuelvo a tener visita con el neurólogo. Las pruebas han sido dolorosas, así que espero que no sean inútiles, que es lo que me parecen ahora mismo.
Espero equivocarme y que me recomienden un psiquiatra o algo así (al final, después de tanto insistir, voy a tener que probarlo, ya sea para demostrar que no es un problema mental o para corregirlo si lo es). Pero alguien especializado en problemas sexuales, no pienso acudir al primero que encuentre.
La guinda de hoy es que, como tantos otros días, estaba viendo a un tío tremendo (en este caso, en intenné), me puse como una moto, pero al tratar de acabar... Pofale. Es frustrante, y más todavía el que nadie al que no le pase pueda siquiera imaginar el vacío, la insatisfacción... Que esto no puede ser psicológico joder, con lo que yo he disfrutado hasta que se acabó... Que el problema psicológico se me está creando después con la incapacidad de disfrutar.
-¿algo más?
-Sí, también venía a por mis pastillas. ¿Me puede hacer un par de recetas, por favor?
-Claro. Ah, pregunté lo tuyo a un urólogo conocido. Es un chico que estudia bastante...
-¿Ah sí? ¿y le ha dicho algo?
-Dice que le parece muy raro que sea por tus operaciones, que es mucho más normal que sea psicológico... Que en algún momento hayas asociado algo y te haya afectado.
-Ya... -(Pofale. Hala, otro más con el cuento de siempre).
-Es que no ha visto un caso como el tuyo, ni ha leído nada igual.
-... Bueno, pues yo la verdad es que sí he leído algo. Llevo dos años buscando. No soy médico, pero sí que he llegado a alguna conclusión...
-¿Sí? ¿cuál?
-Bueno, perdone mi imprudencia, pero yo diría que esto puede ser algún neurotransmisor que no está funcionando bien. Hay un grupo en Internet de gente a la que le pasa lo mismo. Y hay algún caso que ha mejorado con un neurotransmisor... El GABA.
-¿inhibiendo el GABA?
-No, tomando GABA.
-Vaya, ¿y eso cómo se toma?
-Pues parece ser que se vende como suplemento para la gente que va al gimnasio, les servirá para aumentar el músculo o algo, no sé...
-Mmhhh... Ten cuidado...
-No, si yo no voy a tomar algo sin control médico. Además no he encontrado ningún sitio donde se venda en España.
-Vale, que sepas que puede ser peligroso.
-Claro. Bueno, gracias de todas formas por preguntar.
-De nada, es que también me quiero enterar yo de cómo va el asunto.
-Claro, gracias... Hasta luego.
Pofale.
Hoy en día, casi todo se puede encontrar. Sólo hace falta que un buscador lo tenga enlazado, un poco de suerte y habilidad buscando. Pero por suerte o por desgracia, también se encuentran las teorías contrarias al uso de la sustancia... Está claro que no me quiero joder ninguna función corporal intentando arreglar otra, pero mi vida sexual está prácticamente parada en este momento. Lo cual no quiere decir que vaya a dejar de luchar; sólo estoy declarando cómo me siento ahora mismo: tengo deseo, pero no puedo satisfacerlo porque mi cuerpo no me deja, así que disminuir mi actividad es lo único que me alivia un poco: dejar de pensar en la parte de mí que no funciona.
Dentro de un par de semanas vuelvo a tener visita con el neurólogo. Las pruebas han sido dolorosas, así que espero que no sean inútiles, que es lo que me parecen ahora mismo.
Espero equivocarme y que me recomienden un psiquiatra o algo así (al final, después de tanto insistir, voy a tener que probarlo, ya sea para demostrar que no es un problema mental o para corregirlo si lo es). Pero alguien especializado en problemas sexuales, no pienso acudir al primero que encuentre.
La guinda de hoy es que, como tantos otros días, estaba viendo a un tío tremendo (en este caso, en intenné), me puse como una moto, pero al tratar de acabar... Pofale. Es frustrante, y más todavía el que nadie al que no le pase pueda siquiera imaginar el vacío, la insatisfacción... Que esto no puede ser psicológico joder, con lo que yo he disfrutado hasta que se acabó... Que el problema psicológico se me está creando después con la incapacidad de disfrutar.
domingo, 31 de enero de 2010
Pido Perdón
Hay quien me dice que me paso la vida pidiendo perdón, pero es que me cabrea lo que otras personas puedan haber pensado indebidamente de mí, por no haber sabido capear correctamente las circunstancias en el momento. Ojalá por pedir perdón consiguiese volver a encauzar algunas de las situaciones que se estropearon en mi vida, aunque eso es prácticamente imposible. Es difícil que los afectados lean esto y aunque así fuera, la situación no cambiaría. Eso está reservado a los guiones peliculeros. Pero al menos quiero volcar mis pensamientos aquí, en mi pequeño rincón particular.
Me doy cuenta de que la mayoría de estas peticiones de perdón están centradas en El Tema, pero creo que es debido a cómo me siento ahora. No poder sentir el placer de antes me ha cambiado. Sentirme excitado pero no poder consumar me ha afectado en lo más profundo de mi personalidad. Creo que ya no soy un hombre completo. Siempre he creido que tener una pareja sería preferible a vivir solo, pero en las circunstancias actuales veo muy difícil plantearme nada.
Hay pocas personas que me han marcado en la vida. Me refiero a que por pocas personas he sentido una pasión tal que me obligaba a plantearme cambiar mi vida. Pero cuando llegaron esas ocasiones fue muy fuerte, unos flechazos que me colmaban de felicidad, aunque al poco tiempo me daba cuenta de que no funcionaría y me hundía bastante moralmente. De hecho, creo que desde que no funcionó con la persona con quien tuve planes más serios, no he levantado cabeza por completo. Y ya han pasado casi siete años, ahí es nada.
Quisiera pedir perdón a un hombre que tuve que abandonar porque no me gustaba cómo estaba evolucionando la situación. Yo hubiera continuado bajo ciertas condiciones, pero no bajo las que él me impuso. Me pareció demasiado egoísta por su parte cómo me quería controlar, con lo a gusto que yo estaba con él, esperando a verle cuando se acercaba por mi ciudad; siempre hubiera tenido un hueco para él, pero no, él lo quería todo aunque ya lo tenía por otra parte, aunque yo no tenía nada y él sí, quería más aún. Y aun así, si supiese que iba a aceptar mis condiciones y vernos más relajados sin sus presiones, le pediría perdón.
Quiero pedir perdón a aquellos que me hacían disfrutar tanto, con los que me hubiera gustado repetir de vez en cuando. Pero algo le pasó a mi cuerpo y no me he vuelto a atrever a llamarles, porque ya no disfruto. Les sigo deseando tanto... y no puedo hacer nada. Ojalá me entendiesen, comprendiesen por lo que estoy pasando y me perdonasen. Aunque me temo que para ellos puedo no haber significado nada... Para mí sí que fueron muy importantes y ahora que sé desenvolverme un poco mejor, no sirve de nada. Por favor, perdonadme. Si vuelvo a estar bien, os llamaré.
No lo necesito, pero podría pedir perdón a aquellos que tratan de acercarse a mí sin haber leído el breve texto de mis anuncios. Lo siento, chicos, es que no me atraen vuestros músculos torneados, vuestros cuerpos fibrados sin rastro de grasa, ni vuestros pollones largos y gordos como el cuello de un cantaor. De verdad que no entiendo lo que podéis haber visto en mí, vosotros que podríais escoger a quien os diese la gana. Perdonad, es que tengo unos gustos muy cerrados y definidos. Me gustan los hombres fornidos, velludos y maduretes. También me dan muchas calabazas, pero no me traumatizo por ello, símplemente lo acepto. Por muchas veces que insistáis, no voy a cambiar de opinión, yo soy "asín".
Me doy cuenta de que la mayoría de estas peticiones de perdón están centradas en El Tema, pero creo que es debido a cómo me siento ahora. No poder sentir el placer de antes me ha cambiado. Sentirme excitado pero no poder consumar me ha afectado en lo más profundo de mi personalidad. Creo que ya no soy un hombre completo. Siempre he creido que tener una pareja sería preferible a vivir solo, pero en las circunstancias actuales veo muy difícil plantearme nada.
Hay pocas personas que me han marcado en la vida. Me refiero a que por pocas personas he sentido una pasión tal que me obligaba a plantearme cambiar mi vida. Pero cuando llegaron esas ocasiones fue muy fuerte, unos flechazos que me colmaban de felicidad, aunque al poco tiempo me daba cuenta de que no funcionaría y me hundía bastante moralmente. De hecho, creo que desde que no funcionó con la persona con quien tuve planes más serios, no he levantado cabeza por completo. Y ya han pasado casi siete años, ahí es nada.
Quisiera pedir perdón a un hombre que tuve que abandonar porque no me gustaba cómo estaba evolucionando la situación. Yo hubiera continuado bajo ciertas condiciones, pero no bajo las que él me impuso. Me pareció demasiado egoísta por su parte cómo me quería controlar, con lo a gusto que yo estaba con él, esperando a verle cuando se acercaba por mi ciudad; siempre hubiera tenido un hueco para él, pero no, él lo quería todo aunque ya lo tenía por otra parte, aunque yo no tenía nada y él sí, quería más aún. Y aun así, si supiese que iba a aceptar mis condiciones y vernos más relajados sin sus presiones, le pediría perdón.
Quiero pedir perdón a aquellos que me hacían disfrutar tanto, con los que me hubiera gustado repetir de vez en cuando. Pero algo le pasó a mi cuerpo y no me he vuelto a atrever a llamarles, porque ya no disfruto. Les sigo deseando tanto... y no puedo hacer nada. Ojalá me entendiesen, comprendiesen por lo que estoy pasando y me perdonasen. Aunque me temo que para ellos puedo no haber significado nada... Para mí sí que fueron muy importantes y ahora que sé desenvolverme un poco mejor, no sirve de nada. Por favor, perdonadme. Si vuelvo a estar bien, os llamaré.
No lo necesito, pero podría pedir perdón a aquellos que tratan de acercarse a mí sin haber leído el breve texto de mis anuncios. Lo siento, chicos, es que no me atraen vuestros músculos torneados, vuestros cuerpos fibrados sin rastro de grasa, ni vuestros pollones largos y gordos como el cuello de un cantaor. De verdad que no entiendo lo que podéis haber visto en mí, vosotros que podríais escoger a quien os diese la gana. Perdonad, es que tengo unos gustos muy cerrados y definidos. Me gustan los hombres fornidos, velludos y maduretes. También me dan muchas calabazas, pero no me traumatizo por ello, símplemente lo acepto. Por muchas veces que insistáis, no voy a cambiar de opinión, yo soy "asín".
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miércoles, 20 de enero de 2010
Guardando Las Apariencias
Muchas noches tengo problemas para quedarme dormido, como si estuviese viviendo en otro huso horario... Me suelen dar entre las tres y las cuatro de la mañana, lo que me da demasiado tiempo para pensar y muchas veces tengo que levantarme a hacer algo, porque en la cama no consigo pegar ojo hasta que se acerca la hora.
Había oido hablar sobre "El juego de tu vida". Había visto algunas imágenes en algún programa de "zapping". El concurso de las preguntas indiscretas. El que acierta, se lleva un montón de pasta a costa de que sus familiares y conocidos se queden transtornados por descubrir sus secretos más oscuros. El que falla... bueno, supongo que tiene que ser muy duro quedar en evidencia encima de no llevarse un euro.
Nunca he sabido bien cómo funciona el concurso. Por lo que entiendo, a los concursantes les hacen 200 preguntas mientras los tienen enchufados a un polígrafo. Se toma como respuesta lo que diga la máquina y supongo que ahí está la incertidumbre... Porque si realmente la máquina supiese cuándo estás diciendo la verdad, con no mentir nunca todos los aspirantes se llevarían el premio ¿no?
Total que una de estas noches insomnes, me planté delante de la tele y apareció el concursito de marras. Yo no soy nada intuitivo, pero lo que vino a continuación me pareció tan predecible que no me podía creer que pudiera acertar tan plenamente. De todas formas, aparte de la falta de fiabilidad de los polígrafos, a veces se ha rumoreado de este concurso (y de otros programas) que algunos de los participantes no son más que actores, ya sean profesionales o no.
El concursante de la noche era un hombre de unos 60 años. Lo presentaron junto a sus acompañantes: su hermana, un amigo de unos 50 años (llamémosle "Gerardo") y la madre de éste último, de unos... n años. Eso tirando por lo bajo, si no eran más.
En cuanto los vi a todos, teniendo en cuenta la naturaleza escandalosa de las preguntas que suelen hacer, pensé: "Um, un hombre maduro, su hermana, un gordito tímido con bigote y su madre... Si no fuera porque no voy a acertar, diría que los caballeros están liados y ni la hermana ni la madre lo saben".
No recuerdo todos los detalles (a ver si en algún sitio encuentro el vídeo por casualidad) ni todas las preguntas que le hicieron, pero de todas formas lo curioso es que a todas respondió afirmativamente... Que digo yo que ya podrían preguntar en alguna ocasión lo contrario para que fuese más complicado... Porque eso de llevarse 10000 euros en media hora no lo consigo yo todos los días.
Entre pregunta y pregunta "oficiales", la presentadora comentaba con él algunos aspectos de su vida para que el público le conociera un poco mejor (debe ser para que no resalten tanto las cosas malas, digo yo). También se recordaba que en cualquier momento, los acompañantes pueden pulsar un botón si quieren que el concurso se detenga antes de que él dé alguna de las respuestas.
Al parecer este hombre, por lo que comentaban, había sido monje en su juventud y luego lo había dejado. También parece que era bastante culto y contaba que tenía una colección de no sé cuantos libros y blablabla. El caso es que el concurso comenzó y estas son algunas de las preguntas más o menos en el orden que salieron:
"¿Se considera usted un hombre de ideas conservadoras?". "Sí".
"¿Piensa que es superior en inteligencia a la gente de su entorno?". "Sí".
"¿En su trabajo ha comparado alguna vez a sus compañeros con monos que se masturban descontroladamente?". "Sí".
"¿Crees que tu hermana te trata de forma diferente a otros hermanos porque no estás casado ni tienes hijos?". "Sí".
A todo esto, en los intermedios iban enfocando a los familiares y les preguntaban cómo veían al concursante y si querían que continuase. Siempre dijeron que sí, a veces intentando disimular el poema de la cara (o eso me pareció a mí), otras con atisbos de nerviosismo (pero bastante controlado, o quizá sabían más o menos lo que iba a contestar) propios de los secretos que estaban siendo revelados... Que continuaron por la línea prevista:
"¿Sientes remordimientos después de tener relaciones sexuales?". "Sí".
"¿Te da asco ver por la calle a dos personas del mismo sexo besándose". "Sí".
"¿Si tu amigo Follardo desapareciera de tu vida sufrirías mucho?". "Sí. Oye, que mi amigo se llama Gerardo". "Ah si, ¿en qué estaría pensando yo? Continuamos".
"¿Ocultas a tu familia una relación que dura ya varios años?". "Sí".
"¿Ocultas esa relación porque se trata de un hombre". "Sí".
"¿Mantienes una relación sentimental desde hace ocho años con Gerardo?". "Sí".
"¿Has contribuido a que más de un hombre incumpla su compromiso de fidelidad a su pareja?". "Sí".
En ese momento quedaban las dos últimas fases por jugar (dos preguntas en la penúltima y la pregunta final de la última fase). Pero el concursante decidió plantarse para no perder lo que había acumulado. Total que al final ¿qué resultó? Pues que el hombre se llevó 10000 euros en media hora, a cambio de salir del armario en directo delante de toda la audiencia y de la madre de su novio.
Hay que tener en cuenta que las preguntas se van haciendo más "duras" según se van avanzando fases. ¿Qué le habrían preguntado en las últimas fases?...
**** Ponga aquí su música de misterio favorita ****
Había oido hablar sobre "El juego de tu vida". Había visto algunas imágenes en algún programa de "zapping". El concurso de las preguntas indiscretas. El que acierta, se lleva un montón de pasta a costa de que sus familiares y conocidos se queden transtornados por descubrir sus secretos más oscuros. El que falla... bueno, supongo que tiene que ser muy duro quedar en evidencia encima de no llevarse un euro.
Nunca he sabido bien cómo funciona el concurso. Por lo que entiendo, a los concursantes les hacen 200 preguntas mientras los tienen enchufados a un polígrafo. Se toma como respuesta lo que diga la máquina y supongo que ahí está la incertidumbre... Porque si realmente la máquina supiese cuándo estás diciendo la verdad, con no mentir nunca todos los aspirantes se llevarían el premio ¿no?
Total que una de estas noches insomnes, me planté delante de la tele y apareció el concursito de marras. Yo no soy nada intuitivo, pero lo que vino a continuación me pareció tan predecible que no me podía creer que pudiera acertar tan plenamente. De todas formas, aparte de la falta de fiabilidad de los polígrafos, a veces se ha rumoreado de este concurso (y de otros programas) que algunos de los participantes no son más que actores, ya sean profesionales o no.
El concursante de la noche era un hombre de unos 60 años. Lo presentaron junto a sus acompañantes: su hermana, un amigo de unos 50 años (llamémosle "Gerardo") y la madre de éste último, de unos... n años. Eso tirando por lo bajo, si no eran más.
En cuanto los vi a todos, teniendo en cuenta la naturaleza escandalosa de las preguntas que suelen hacer, pensé: "Um, un hombre maduro, su hermana, un gordito tímido con bigote y su madre... Si no fuera porque no voy a acertar, diría que los caballeros están liados y ni la hermana ni la madre lo saben".
No recuerdo todos los detalles (a ver si en algún sitio encuentro el vídeo por casualidad) ni todas las preguntas que le hicieron, pero de todas formas lo curioso es que a todas respondió afirmativamente... Que digo yo que ya podrían preguntar en alguna ocasión lo contrario para que fuese más complicado... Porque eso de llevarse 10000 euros en media hora no lo consigo yo todos los días.
Entre pregunta y pregunta "oficiales", la presentadora comentaba con él algunos aspectos de su vida para que el público le conociera un poco mejor (debe ser para que no resalten tanto las cosas malas, digo yo). También se recordaba que en cualquier momento, los acompañantes pueden pulsar un botón si quieren que el concurso se detenga antes de que él dé alguna de las respuestas.
Al parecer este hombre, por lo que comentaban, había sido monje en su juventud y luego lo había dejado. También parece que era bastante culto y contaba que tenía una colección de no sé cuantos libros y blablabla. El caso es que el concurso comenzó y estas son algunas de las preguntas más o menos en el orden que salieron:
"¿Se considera usted un hombre de ideas conservadoras?". "Sí".
"¿Piensa que es superior en inteligencia a la gente de su entorno?". "Sí".
"¿En su trabajo ha comparado alguna vez a sus compañeros con monos que se masturban descontroladamente?". "Sí".
"¿Crees que tu hermana te trata de forma diferente a otros hermanos porque no estás casado ni tienes hijos?". "Sí".
A todo esto, en los intermedios iban enfocando a los familiares y les preguntaban cómo veían al concursante y si querían que continuase. Siempre dijeron que sí, a veces intentando disimular el poema de la cara (o eso me pareció a mí), otras con atisbos de nerviosismo (pero bastante controlado, o quizá sabían más o menos lo que iba a contestar) propios de los secretos que estaban siendo revelados... Que continuaron por la línea prevista:
"¿Sientes remordimientos después de tener relaciones sexuales?". "Sí".
"¿Te da asco ver por la calle a dos personas del mismo sexo besándose". "Sí".
"¿Si tu amigo Follardo desapareciera de tu vida sufrirías mucho?". "Sí. Oye, que mi amigo se llama Gerardo". "Ah si, ¿en qué estaría pensando yo? Continuamos".
"¿Ocultas a tu familia una relación que dura ya varios años?". "Sí".
"¿Ocultas esa relación porque se trata de un hombre". "Sí".
"¿Mantienes una relación sentimental desde hace ocho años con Gerardo?". "Sí".
"¿Has contribuido a que más de un hombre incumpla su compromiso de fidelidad a su pareja?". "Sí".
En ese momento quedaban las dos últimas fases por jugar (dos preguntas en la penúltima y la pregunta final de la última fase). Pero el concursante decidió plantarse para no perder lo que había acumulado. Total que al final ¿qué resultó? Pues que el hombre se llevó 10000 euros en media hora, a cambio de salir del armario en directo delante de toda la audiencia y de la madre de su novio.
Hay que tener en cuenta que las preguntas se van haciendo más "duras" según se van avanzando fases. ¿Qué le habrían preguntado en las últimas fases?...
**** Ponga aquí su música de misterio favorita ****
sábado, 2 de enero de 2010
Pruebas Médicas Desagradables III
ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO PUEDE RESULTAR DESAGRADABLE. SI ERES APRENSIVO NO LO LEAS.
Menuda racha llevo... y lo que me queda, puesto que de momento no me han dado ninguna solución y todavía me van a hacer más pruebas, aunque todavía no tocan, así que habrá que aguantar unos meses ante la previsión de ellas.
Como comenté anteriormente, el día 1 de diciembre después de verme el urólogo (otro diferente), al que tuve que volver a explicarle todo, me hicieron dos resonancias magnéticas el día 3 (unos 40 minutos metido en el tubo, bastante agobiante si no consigues relajarte). Luego el día 9 me hicieron el estudio urodinámico. Qué tortura. Como adelanté en el anterior capítulo de la saga (y ahora puedo confirmar en detalle), el estudio urodinámico consta de los siguientes pasos:
En cuanto al antibiótico (ciprofloxacino) que tenía que tomar por hacerme el sondaje, en esta ocasión no noté ningún aumento de las sensaciones como me ocurrió hace algo más de un año. Si bien es cierto que en aquella ocasión fue ofloxacino y además me mandaron un par de comprimidos de azitromicina, para destruir causantes de una posible ETS. Por tanto, ya tengo otra duda más: ¿por qué experimenté esa pequeña mejoría?
Por otra parte, esta vez había tenido bastante suerte con las pruebas y la nueva cita médica, porque es rarísimo que en este hospital no tengas meses de espera. Así que el día 21 volví a la consulta del urólogo (otro diferente, y ya no sé cuántos van). Tuve que volver a explicarle todo: que en principio fui porque había dejado de tener sensaciones sexuales, que no sentía el orgasmo pero tenía erecciones y eyaculaba. Que también había notado dificultades para orinar y lo estaban viendo. El tío se encogió de hombros con respecto al tema sexual, como lo hacen todos, y se centró en el tema urinario.
Me comentó que orino fatal, como una persona de 70 años. Le dije que sí, que esto había empeorado desde mis operaciones, pero que no tenía ni idea de si tendrían que ver. A él le extrañó, porque dice que el lugar donde se hacen esas operaciones está muy alejado del sistema urinario (ya no mencionaba para nada lo otro). Le pregunté si se había visto algo en las resonancias y... Ni siquiera se había dado cuenta de que estaban ahí en mi historial. Echó un vistazo a la pantalla, aunque no sé si estaba mirando las imágenes o les habría llegado simplemente un informe de las personas que me hicieron las pruebas. Le comenté además que me habían llamado del hospital para volver a hacerme otra resonancia el día 30.
Le extrañó lo de esas pruebas, me preguntó quién me las había mandado y le dije que ellos mismos, el equipo de urología, pero otros médicos. Que cada vez que acudo, me ve una persona diferente y no sé cómo me van a controlar así. Me dijo que eso daba igual, que cualquiera del equipo podía verme. Que tenían que averiguar por qué orinaba tan mal, así que tendrían que hacerme más pruebas.
"Vamos a hacerte una cistoscopia"- dijo. Se me escapó un "no, por favor". Me preguntó qué ocurría y le dije que sabía en qué consistía la prueba, y que si ponerme una sonda me había dolido, no me quería imaginar lo que debía ser meter una cámara por la uretra. Intentó tranquilizarme, diciéndome que se pone anestesia local, que sólo es un poco molesto y que era necesario para el diagnóstico. Además me recetó "omnic ocas" para ayudar a la micción hasta que me hicieran las pruebas. Me comentó que era posible que disminuyese la cantidad de eyaculación, ya que el medicamento a veces producía eyaculación retrógrada, pero que no me preocupase.
Bajé a pedir citas y me dieron a mediados de abril para las pruebas y en mayo para la consulta. Menos mal que me habían puesto "preferente" en la solicitud, que sino seguro me tocaría esperar otro año completo.
El día 30 fui a hacerme la otra resonancia, que al final debieron ser dos o tres seguidas, puesto que noté las pausas y estuve en el tubo cerca de una hora. Salí con un dolor de brazos y hombros tremendo, debido a la mala postura en la que estuve sin moverme, y todavía la doctora se quejaba de que al final, cuando ya había terminado la prueba y estaban examinándola, me había visto moverme mucho. Le comenté que me dolía todo de la mala postura y aún me contestó: "ya, pero modificas la posición del cuerpo". Y yo pensé "Ya, claro, tendrías que volver a recalibrar la máquina o algo". Pero me callé porque la prueba ya había terminado, aunque si me hubieran dicho de seguir, hubiera sido imposible. A día de hoy todavía me duele el hombro derecho. Probablemente se me ha vuelto a avivar una tendinitis que suelo tener medio dormida.
Pues nada, en esas estamos de momento. Creo que voy a intentar ir a un neurólogo (me lo recomendó un urólogo privado en septiembre) o a un psiquiatra (recomendado por el penúltimo urólogo). Sigo pensando que no es psicológico, pero creo que me podrían ayudar si doy con el profesional adecuado, puesto que parte de mis sospechas recaen en cómo el sistema nervioso está enviando o decodificando erróneamente las señales del placer. Es por Deformación profesional: pensar siempre en términos similares a los de tu profesión.
Menuda racha llevo... y lo que me queda, puesto que de momento no me han dado ninguna solución y todavía me van a hacer más pruebas, aunque todavía no tocan, así que habrá que aguantar unos meses ante la previsión de ellas.
Como comenté anteriormente, el día 1 de diciembre después de verme el urólogo (otro diferente), al que tuve que volver a explicarle todo, me hicieron dos resonancias magnéticas el día 3 (unos 40 minutos metido en el tubo, bastante agobiante si no consigues relajarte). Luego el día 9 me hicieron el estudio urodinámico. Qué tortura. Como adelanté en el anterior capítulo de la saga (y ahora puedo confirmar en detalle), el estudio urodinámico consta de los siguientes pasos:
- Primero te hacen una flujometría: miden la velocidad y cantidad de orina que meas, pero en este caso en una micción normal. Es decir, que hay que ir con las "ganas normales" de orinar, ni demasiadas ganas, ni demasiado pocas, porque sino no sirve. En la flujometría que me hicieron anteriormente tuve que ir con todas las ganas posibles.
- Después, te introducen una sonda por el culete, sin besarte antes ni nada. A tomar por saco el romanticismo. No es que me apasionase la idea, pero dadas las circunstancias, pensé que era uno de los pasos más sencillos.
- Luego viene la introducción de otra sonda por la uretra. Para mí esta fue la mayor tortura. No sé si es que tengo el orificio de la uretra muy estrecho, pero al igual que en la ocasión anterior, fue bastante doloroso. El pobre ATS, que es muy majo, se agobió un poco al verme sufrir. Según comentaba él, durante el paso de la sonda se siente escozor, incomodidad... Pero yo ya me imaginaba lo que ocurriría por haber experimentado antes algo similar en el "Capítulo I", cuando me tomaron las muestras de la uretra en 2008. Una vez pasada la sonda, te aseguran todos los cables con esparadrapos y tal, para que no se salga nada.
- Entonces comienzan a llenarte la vejiga lentamente con líquido estéril a través de la sonda y te van pidiendo que tosas de vez en cuando para comprobar si vas teniendo ganas de orinar. Creo que también se va comprobando la presión a través de la sondas. Cuando llegas aproximadamente a la cantidad de líquido que tenías antes, se detienen.
- Después, con las sondas todavía puestas, hay que orinar el líquido que te han introducido. Me costó un puñao hacerlo, iba muy lento, pero si ya me cuesta de forma normal, con un tubo obstruyendo el orificio de salida, no te digo na'.
- Por último, te sacan las sondas (desagradable, pero un alivio), te quitan los esparadrapos (cuasi-depilación) y otra vez sin que te den un beso de despedida ni nada, te vas.
En cuanto al antibiótico (ciprofloxacino) que tenía que tomar por hacerme el sondaje, en esta ocasión no noté ningún aumento de las sensaciones como me ocurrió hace algo más de un año. Si bien es cierto que en aquella ocasión fue ofloxacino y además me mandaron un par de comprimidos de azitromicina, para destruir causantes de una posible ETS. Por tanto, ya tengo otra duda más: ¿por qué experimenté esa pequeña mejoría?
Por otra parte, esta vez había tenido bastante suerte con las pruebas y la nueva cita médica, porque es rarísimo que en este hospital no tengas meses de espera. Así que el día 21 volví a la consulta del urólogo (otro diferente, y ya no sé cuántos van). Tuve que volver a explicarle todo: que en principio fui porque había dejado de tener sensaciones sexuales, que no sentía el orgasmo pero tenía erecciones y eyaculaba. Que también había notado dificultades para orinar y lo estaban viendo. El tío se encogió de hombros con respecto al tema sexual, como lo hacen todos, y se centró en el tema urinario.
Me comentó que orino fatal, como una persona de 70 años. Le dije que sí, que esto había empeorado desde mis operaciones, pero que no tenía ni idea de si tendrían que ver. A él le extrañó, porque dice que el lugar donde se hacen esas operaciones está muy alejado del sistema urinario (ya no mencionaba para nada lo otro). Le pregunté si se había visto algo en las resonancias y... Ni siquiera se había dado cuenta de que estaban ahí en mi historial. Echó un vistazo a la pantalla, aunque no sé si estaba mirando las imágenes o les habría llegado simplemente un informe de las personas que me hicieron las pruebas. Le comenté además que me habían llamado del hospital para volver a hacerme otra resonancia el día 30.
Le extrañó lo de esas pruebas, me preguntó quién me las había mandado y le dije que ellos mismos, el equipo de urología, pero otros médicos. Que cada vez que acudo, me ve una persona diferente y no sé cómo me van a controlar así. Me dijo que eso daba igual, que cualquiera del equipo podía verme. Que tenían que averiguar por qué orinaba tan mal, así que tendrían que hacerme más pruebas.
"Vamos a hacerte una cistoscopia"- dijo. Se me escapó un "no, por favor". Me preguntó qué ocurría y le dije que sabía en qué consistía la prueba, y que si ponerme una sonda me había dolido, no me quería imaginar lo que debía ser meter una cámara por la uretra. Intentó tranquilizarme, diciéndome que se pone anestesia local, que sólo es un poco molesto y que era necesario para el diagnóstico. Además me recetó "omnic ocas" para ayudar a la micción hasta que me hicieran las pruebas. Me comentó que era posible que disminuyese la cantidad de eyaculación, ya que el medicamento a veces producía eyaculación retrógrada, pero que no me preocupase.
Bajé a pedir citas y me dieron a mediados de abril para las pruebas y en mayo para la consulta. Menos mal que me habían puesto "preferente" en la solicitud, que sino seguro me tocaría esperar otro año completo.
El día 30 fui a hacerme la otra resonancia, que al final debieron ser dos o tres seguidas, puesto que noté las pausas y estuve en el tubo cerca de una hora. Salí con un dolor de brazos y hombros tremendo, debido a la mala postura en la que estuve sin moverme, y todavía la doctora se quejaba de que al final, cuando ya había terminado la prueba y estaban examinándola, me había visto moverme mucho. Le comenté que me dolía todo de la mala postura y aún me contestó: "ya, pero modificas la posición del cuerpo". Y yo pensé "Ya, claro, tendrías que volver a recalibrar la máquina o algo". Pero me callé porque la prueba ya había terminado, aunque si me hubieran dicho de seguir, hubiera sido imposible. A día de hoy todavía me duele el hombro derecho. Probablemente se me ha vuelto a avivar una tendinitis que suelo tener medio dormida.
Pues nada, en esas estamos de momento. Creo que voy a intentar ir a un neurólogo (me lo recomendó un urólogo privado en septiembre) o a un psiquiatra (recomendado por el penúltimo urólogo). Sigo pensando que no es psicológico, pero creo que me podrían ayudar si doy con el profesional adecuado, puesto que parte de mis sospechas recaen en cómo el sistema nervioso está enviando o decodificando erróneamente las señales del placer. Es por Deformación profesional: pensar siempre en términos similares a los de tu profesión.
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